¿AÚN ES VINCULANTE LA LEY JUDICIAL? LA RESPUESTA DE WESTMINSTER Y CALVINO.

judge-gavel-1461965939b8aEn el pensamiento reformado se reconoce que hay tres tipos de leyes en el Antiguo Testamento: la ley moral, la ceremonial y la judicial (también se habla de ella como ley civil). La ley moral corresponde a los Diez Mandamientos, que fueron dados por Dios para ser el estándar moral de toda la humanidad. La ley ceremonial es la parte de la ley donde Dios enseña a Israel la forma en que Él debe ser adorado. Esta ley fue abrogada, pues servía como una sombra de Cristo. Y al venir Él la sombra ya no es necesaria. La ley judicial fue dada por Dios a Israel como un código de justicia, una norma de gobierno. El propósito de este escrito es responder la siguiente pregunta: ¿Esta ley es vinculante para los cristianos hoy?

Esta pregunta ya fue respondida hace siglos en la Asamblea de Westminster. En el capítulo 19, párrafo 4, la Confesión dice:

A los Israelitas, como una entidad política, Dios les dio también diferentes leyes judiciales, las cuales expiraron junto con el Estado de aquel pueblo. Por lo tanto, no obligan ahora a ningún otro pueblo, más de lo que la equidad general de ellas lo requiera.[1]

Según los teólogos de Westminster, entonces, la ley judicial expiró. Lo hizo porque esta ley fue dada específicamente para Israel. Así como la ley inglesa no tiene validez en Chile, la ley judicial de Israel no tiene validez para los gentiles. Esta ley no obliga a ningún otro pueblo sino a Israel.

Pero aquí hay que hacer una explicación, pues el texto de la Confesión dice que hay aspectos de esta ley que si nos obligan. Estamos obligados a hacer lo que la equidad general de ella exige.

Se ha escrito mucho acerca de lo que equidad general significa. Yo quiero explicar qué significa usando lo que Calvino ya había dicho sobre este tema en la Institución, libro cuya última edición  fue publicado en 1559, en latín, 84 años antes de la reunión de la Asamblea de Westminster.

En el cuarto libro de la Institución, en el último capítulo, Calvino trata del poder de los gobernantes civiles para “ordenar la justicia civil y reformar las costumbres y conducta exteriores.”[2] Calvino divide este capítulo en tres partes: El magistrado, las leyes, y el pueblo.[3]

Las leyes, dice Calvino, “son los verdaderos nervios, o […] el alma de los estados, sin las cuales los gobernantes no pueden de manera alguna subsistir.”[4]. Lo primero que hace al hablar de la ley es distinguir las partes de la ley y hablar de ellas en relación con su aplicación para nuestros días.

La ley moral, dice, “es la verdadera y eterna regla de justicia, ordenada para todos los hombres en cualquier parte del mundo”[5]. Esta ley, que corresponde a los Diez Mandamientos[6], es ley para todos los hombres, incluso cuando no la hayan leído escrita, porque “está escrita y como impresa en los corazones de todos los hombres”[7].

La ley ceremonial[8], o ritual, como también la llama Calvino, fue dada, para Israel como “pedagogo, enseñándoles como a principiantes una doctrina infantil, la cual plugo al Señor dar a este pueblo como una educación de su infancia, hasta que viniese el tiempo de la plenitud”.[9] Estas leyes que enseñaban la forma de adoración bajo la Antigua Alianza fue abolida “en cuanto a su uso”[10]. Estas leyes no son abolidas porque fueran malas, al contrario, ellas servían para que los judíos “bien para levantar su entendimiento más alto.”[11] De hecho, cuando Cristo viene y la ley ceremonial es abolida “no les quita nada de su santidad, sino más bien las enaltece y ensalza.”[12]

Esta ley era buena, pues “el ejercicio de las ceremonias pertenecía a la doctrina de la piedad, que es el primer punto de la ley moral en cuanto mantenía la Iglesia judaica en la reverencia que se debe a Dios”[13]. La ley ceremonial ayudaba a Israel a guardar la primera tabla de la ley moral, sin embargo, la ley ceremonial no era la ley moral sino que era una aplicación de ella para el tiempo determinado por Dios.

La ley judicial fue dada a Israel “como norma de gobierno, les enseñaba ciertas reglas de justicia y equidad para vivir en paz los unos con los otros sin hacer daño alguno.”[14] Su propósito, dice Calvino, era “conservar esta misma caridad que en la Ley de Dios se ordena”[15].

Al igual que la ley ceremonial, la ley judicial era buena. Ella reforzaba la obediencia a la ley moral, no obstante, ella “tenía una propiedad distinta y peculiar, que no quedaba comprendida bajo el mandamiento de la caridad.”[16]

La ley judicial tampoco era la ley moral, que es eterna e inmutable. De hecho, dice el reformador, “todas las referidas leyes judiciales pueden ser mudadas y abrogadas sin violar en manera alguna la ley de la caridad.”[17]

¿Qué aprendemos entonces de la ley judicial? Según Calvino es necesario entender que las leyes tienen una ordenación (o constitución)[18] y la equidad sobre la cual se puede fundar[19]. La equidad, entonces, es algo que trasciende las leyes. “La equidad”, dice Calvino, “como es algo natural, es siempre la misma para todas las naciones”[20]. Las constituciones, en cambio, “están ligadas a las circunstancias de las cuales en cierta manera dependen”[21].

La ley moral, que “no es otra cosa sino un testimonio de la ley natural y de la conciencia que el Señor ha imprimido en el corazón de todos los hombres”[22], es la “equidad que ha de ser el único blanco, regla y fin de todas las leyes”[23].

Cuando Calvino habla de la ley natural no lo hace en el sentido de que ella sea una ley que nace del corazón del hombre, una ley independiente de Dios. Esta ley es natural en el sentido de que ella está en el corazón de todos los hombres. Y está en el corazón de todos los hombres porque Dios la puso ahí.

Cuando los teólogos de Westminster hablan de la equidad general de las leyes judiciales están hablando de esta ley natural que es el fundamento de ellas. La formulación de las leyes judiciales ya no nos obliga porque ellas eran circunstanciales, fueron dadas para Israel como una entidad política específica que expiró[24].

No es necesario, entonces, que las leyes de las naciones sean las mismas leyes judiciales de Israel. “No hay inconveniente alguno en que sean diversas”[25], dice Calvino pues, “se ha dejado a todos los pueblos y naciones la libertad para hacer las leyes que les parecieren necesarias”[26]. Sin embargo, para que estas diversas leyes sean justas deben diferenciarse “solo en la forma”[27]. Toda ley justa debe estar “de acuerdo con la ley eterna de la caridad”[28]. “Así pues,” dice Calvino, “todas las leyes que estuvieren de acuerdo con esta regla, que tendieren a este blanco y que permanecieren dentro de estos límites no deben desagradarnos, aunque no convengan con la ley de Moisés”.[29]

Calvino explica de qué forma las leyes pueden ser diferentes a las de Moisés usando el ejemplo de como Israel y otras naciones castigan el hurto, el falso testimonio, el homicidio y el adulterio. Él explica como todas ellas justamente castigan estos delitos, pero difieren en los grados de severidad con que lo hacen. “Vemos que a pesar de toda esa diversidad de castigos todas iban dirigidas al mismo fin; porque todas de común acuerdo pronuncian el castigo contra las cosas que en la Ley son condenadas; a saber, homicidios, hurtos, adulterios y falsos testimonios; mas no convienen en el género del castigo, porque no es necesario, ni tampoco conveniente”[30], dice Calvino.

Finalmente también podemos ver que Calvino hace dos alcances que justifican el no considerar las leyes judiciales de Moisés como obligatorias en nuestros días. Primero es que al hacer esto no se injuria la ley de Dios. Las naciones pueden elegir otras leyes, siguiendo el criterio de la ley moral, no porque consideren que sus leyes son mejores que las leyes de Moisés, sino porque son más adecuadas a sus circunstancias de tiempo, lugar y país.[31] En segundo lugar, elegir otras leyes no significa que la ley judicial se abroga, pues ella “nunca fue promulgada para nosotros, que procedemos de los gentiles. Porque nuestro Señor no la ha dado por el ministerio de Moisés para que fuese promulgada a todas las naciones y pueblos, ni para que fuese guardada por todo el mundo; sino que, habiendo Él recibido de modo especial al pueblo judío bajo su protección, amparo y defensa, quiso también ser su particular legislador; y como convenía a un legislador bueno y sabio, tuvo presente en todas las leyes que les dio la utilidad y provecho del pueblo.”[32]

Leyendo a Calvino, entonces, es fácil entender lo que la Confesión de Fe de Westminster dice sobre la expiración de las leyes judiciales dadas a Israel. Ellas fueron una aplicación de la ley moral que Dios dio a Israel, pero nunca tuvieron la intensión de ser leyes para los gentiles. Ellas aún nos obligan en cuanto a lo que nos enseñan de la ley moral, pero su forma puede ser cambiada según las necesidades de cada nación en su propia época.

 

NOTAS

[1] CLIR, Los Estándares de Westminster, trans. Alonzo RAMÍREZ (Guadalupe: Editorial Clir, 2010), 69, http://www.clir.net/pdf/westminster.pdf (XIX.4).
[2] Juan CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, vol. II (Rijswijk: Felire, 1967). P. 1168. (IV.XX.1).
[3] CALVINO, II:1170 (IV.XX.3).
[4] CALVINO, II:1180 (IV.XX.14).
[5] CALVINO, II:1181 (IV.XX.15).
[6] La Confesión de Fe de Westminster hace la misma asociación en el Capítulo XIX.2-3.
[7] Juan CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, vol. I (Rijswijk: Felire, 1967), 261 (II.VIII.1).
[8] La Confesión de Fe de Westminster habla de la ley ceremonial y su abrogación en el capítulo XIX.3.
[9] CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, 1967, II:1181 (IV.XX.15).
[10] CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, 1967, I:258 (II.VII.16).
[11] CALVINO, I:246 (II.VII.1).
[12] CALVINO, I:258 (II.VII.16).
[13] CALVINO, I:1181 (IV.XX.15).
[14] CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, 1967, II:1181 (IV.XX.15).
[15] CALVINO, II:1181 (IV.XX.15).
[16] CALVINO, II:1181 (IV.XX.15).
[17] CALVINO, II:1181 (IV.XX.15).
[18] En latín Calvino usa la palabra “constitutionem”. La traducción publicada por Libros Desafío la traduce como “formulación” (Juan CALVINO, Institución de La Religión Cristiana (Grand Rapids: Libros Desafío, 2012), 1294.)
[19] CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, 1967, II:1182 (IV.XX.16).
[20] CALVINO, II:1182 (IV.XX.16).
[21] CALVINO, II:1182 (IV.XX.16).
[22] CALVINO, II:1182 (IV.XX.16).
[23] CALVINO, II:1182 (IV.XX.16).
[24] CLIR, Los Estándares de Westminster, 69 (XIX.4).
[25] CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, 1967, II:1182 (IV.XX.16).
[26] CALVINO, II:1181 (IV.XX.15).
[27] CALVINO, II:1181 (IV.XX.15).
[28] CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, 1967, I:1181 (IV.XX.15).
[29] CALVINO, I:1182 (IV.XX.16).
[30] CALVINO, Institución de La Religión Cristiana, 1967, II:1182 (IV.XX.16).
[31] CALVINO, II:1183 (IV.XX.16).
[32] CALVINO, II:1183 (IV.XX.16).

2 comentarios

  1. interesante… Veo que hay muy pocos comentarios y a mi no me dejas comentar… De todas formas, saludos desde Colombia.

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  2. Quisiera me indicara con la Biblia dónde habla de Ley moral, ceremonial y judicial. Y dónde dice que Cristo vimo a abrogar sólo la ley ceremonial como indican. En la Biblia sólo veo que desde el Sinaí sólo salió el pacto con el pueblo israelita, el cual contiene los diez mandamientos y normativas que regían la vida del pueblo israelita. Cristo nació bajo ese pacto o la Ley mosaica y no la abrogo sino que la cumplió y satisfizo al Padre con el cumplimiento de ella. Ya Pablo tanto Gálatas y Hebreos deja bien claro sobre el particular. Ahora Cristo es el verdadero descanso, en él se cumplió todo. Ahora vivimos un nuevo pacto sellado con su sangre y en compensación tenemos su Espíritu. Estamos en libertad de entrar a la presencia de Dios con confianza, gracias a Cristo. Consumada fue su obra en favor de los suyos.

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