Tener en poco la Palabra es tener en poco a Dios mismo

Hoy voy a predicar en la IPNA de La Calera, mi iglesia. Expondré el pasaje de 2 Samuel 12:9-14.

Aquí les dejo el texto, quiera Dios que pueda ser de provecho para todos.

Introducción

¿Han escuchado ustedes que la Biblia ya no puede ser aplicada hoy debido al cambio de los contextos? Es el pensamiento de muchos cristianos hoy, cristianos que están basando su fe en sus sentimientos subjetivos, en nuevas revelaciones proféticas o cualquier otra forma de revelación.

Oír al “Señor del libro y no al libro del Señor” es el llamado que muchos líderes de las iglesias están haciendo y no se dan cuenta que la única forma que Dios dejó para que el hombre pueda conocerlo y oírlo es su Palabra.

Cuando menospreciamos la Palabra de Dios estamos despreciando a Dios mismo, cuando quebramos los mandatos que encontramos en la Palabra de Dios estamos quebrando lo que Dios mismo nos ha pedido y no nos recordamos que Dios es un Dios de Juicio, que castiga el pecado y que no le gusta ser menospreciado.

En la Biblia encontramos el caso de un rey que menospreció la Palabra de Dios, que menospreció a Dios mismo y sufrió las consecuencias de ese pecado. Hoy vamos a meditar en el texto que encontramos en 2 Samuel 12.9-14.

Texto

2 Samuel 12:9-14 ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. 10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. 11 Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. 12 Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol. 13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. 14 Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.

Contextualización

Este pasaje nos habla del que puede ser considerado el peor pecado que aparece en la Biblia, no porque haya pecados más grandes que otros sino por quien cometió el pecado. No fue un hombre cualquiera, fue David, el mejor rey que tuvieron los judíos, el hombre que compuso la gran mayoría de los Salmos.

¿Cuál fue este pecado? Es una historia muy conocida pero voy a tratar de resumirla por si alguien no la conoce… está relatada en 2ª de Samuel, capítulo 11.

Pasó un día que desde su palacio David vio una mujer hermosa y le gustó, era Betsabé, mujer de Urías, el heteo, un extranjero mencionado en la lista de los valientes de David. David mandó a buscar a Betsabé, y se acostó con ella, producto de esta relación Betsabé engendró un hijo. Para justificar este embarazo David mandó a buscar a Urías, que estaba en una batalla, para que se acostara con su mujer y justificar así su embarazo.

Urías no quiso ir a su casa por no considerarlo correcto, Urías fue enviado nuevamente a la guerra con una carta en la manos. La carta decía que pusieran a Urías en la zona más dura de la batalla y que luego lo dejaran solo para que lo mataran. Así David podía casarse con Betsabé y justificar así el embarazo.
Este hecho, como cualquier otro hecho de la historia, fue visto por Dios y Él tuvo que actuar.

Natán usó una parábola (2 Sam. 12.1-4), que leímos en la lectura alternada, para que David se diera cuenta de lo que había hecho, éste, al darse cuenta, se arrepiente y pide perdón al Señor.

El texto en el que meditaremos nos habla del castigo que Jehová manda al rey David.

1.- Dios castiga el pecado de sus hijos

De los versículos 9 y 10 podemos hacer una paráfrasis y decir “Porque mataste a Urías con espada, la espada nunca se alejará de tu familia”.

Muchas veces la imagen que tenemos de Dios es la de un viejito bonachón que está en el cielo trabajando para que nosotros no lo pasemos tan mal. El evangelio de la prosperidad, tan difundido en la iglesia de hoy, presenta a Dios que sólo hace que su pueblo sea bendecido, en cuanto a su salud y bienes materiales.

Pocas veces nos recordamos de un Dios de juicio, del Dios que odia el pecado, del Dios que castiga, del Dios de la Biblia. En este texto podemos ver a Dios retribuyendo a David el mal que había causado.

Es por ello que es tan importante para nosotros el guardar nuestra santidad, Dios está en total derecho de castigarnos y yo diría que Dios está obligado a castigarnos. No obligado por nosotros sino porque esa es su naturaleza.

Dios es Santo y Justo, Él odia el pecado. Si hay un atributo que Dios nunca a dejado de usar es su justicia. Dios puede no aplicar su amor para con algunos, podemos verlo en Romanos 9.13, donde dice que a Esaú aborreció.

No podemos creer que porque somos elegidos para salvación Dios no nos castigará, creo que es todo lo contrario, con mayor razón debe castigarnos porque nosotros, con mayor razón que los impíos, debemos portarnos bien y cumplir con su Palabra.

El texto dice que la espada no se alejará de la familia de David y podemos ver en la historia de los hijos de David que sucedió así: Absalón mató a Amnón, Joab mató a Absalón, Salomón mató a Adonías y Joab. La espada no se alejó de esa familia de acuerdo a la voluntad de Dios.

2.- El castigo de Dios está vinculado con el despreció a su Palabra.

El versículo 10 nos dice que David despreció a Dios, el versículo 9 nos dice que David había despreciado la Palabra de Dios.

No podemos separar a Dios de su Palabra. Vincent Cheung dice en su teología sistemática que: “Una persona ama a Dios solamente hasta donde ame la Escritura. Puede haber otras indicaciones de el amor de alguien para con Dios, más el amor por su palabra es un elemento necesario, por el cual todos los otros aspectos de nuestra vida espiritual son medidos.”

Cuando leemos la Palabra de Dios estamos escuchando a Dios, no hay ninguna otra forma de conocer a Dios: ni nuestros sentimientos, ni la música, ni los sueños. En este caso una imagen no vale más que mil palabras.

David despreció dos mandamientos: No asesinarás y no cometerás adulterio. Quebró las leyes que Dios había revelado. Al hacerlo despreció a Dios mismo.

Cuando nosotros dejamos de cumplir lo que encontramos en la Biblia estamos despreciando a Dios mismo.

Cuando los padres no leen o enseñan la Palabra a sus hijos están despreciando a Dios mismo, cuando miramos al mundo sin los lentes de la Palabra estamos despreciando a Dios mismo y por todas esas cosas podemos ser castigados.

3.- Nuestros pecados siempre son vistos por Dios.

El versículo 12 nos habla de algo que es propio de nosotros. Cuando sabemos que estamos pecando tratamos de hacerlo en secreto, que nadie nos vea.

“En la JUPNA pasada hubo un caso de indisciplina que nosotros como directiva tuvimos que corregir. Al conversar con los jóvenes nos dijeron “tratamos de que nadie nos viera para que no fuera tan malo”. Cuando yo era chico, y aún hoy, me comía el manjar del refrigerados cuando nadie está mirando.

¿Vieron la película “la era del hielo”? Ahí hay una escena donde el tigre se tapaba la cara y decía “no ta el bebé”. Nosotros hacemos lo mismo cuando pecamos… nos tapamos los ojos y decimos “no ta Dios”.

Aunque nosotros creamos que Dios no está ahí Él si está y está dolido porque sus hijos no hacemos lo que Él nos pide y está enojado porque Él no soporta el pecado.

Conclusión:

Sin dudas esta situación del pecado nunca se alejará de nosotros, nunca dejaremos de pecar pero nuestra actitud debe ser como la actitud que tomó David. Cuando se dio cuenta de su pecado dijo: “Pequé contra Jehová”.

Además de reconocer nuestro pecado debemos demostrar nuestro arrepentimiento sinceramente. Podemos ver esto en el Salmo 51 que fue escrito por David en este contexto.

Salmos 51:2 Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
Salmos 51:10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
Salmos 51:17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

Ahora, David hace público su pecado y su arrepentimiento “para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio”

Podemos ver también que parte del castigo de Dios fue la muerte de este hijo que habían engendrado con Betsabé. Lejos de revelarse, David adoró a Dios.

Cuando recibimos el castigo o las pruebas de Dios debemos adorar a Dios, debemos agradecerle porque hay un buen propósito para que nos pasen esas cosas.

Pidamos a Dios que nos ayude a amarlo a Él y a su Palabra, pidámosle que nos ayude a recordar que Él siempre nos está mirando y que cuando pecamos estamos haciendo que Él se entristezca, pidámosle que cuando seamos justamente castigados por nuestro pecado podamos agradecerle y adorarlo como Él se lo merece y pide.

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