Ezequiel 33:11 y la Libre Oferta del Evangelio

Uno de los textos que a menudo se usa para apoyar la enseñanza de la gracia común de Dios y un deseo sincero de Dios que todos los seres humanos se salven es Ezequiel 33:11 (Ezequiel 18:23, 32 es un pasaje similar). El Rev. H. Hoeksema dio una explicación de este texto en su libro, Het Evangelie, of de Jongste Aanval op de Warrheid der Souvereine Genade (El Evangelio, o El ataque más reciente sobre la verdad de la Gracia Soberana).

Ya que el texto se sigue utilizando en la comunidad reformada para promover la doctrina de la gracia común y porque el libro en el que aparece la explicación del texto de Hoeksema no se ha traducido, he traducido la sección de Het Evangelie que contiene la explicación de Ezequiel 33: 11 (pp. 206-212). Se debe tener en cuenta que la interpretación de Hoeksema del pasaje se dio en el contexto de la controversia con un profesor Heyns (de Seminario Calvin), quien explicó Ezequiel 33:11 como la enseñanza de una gracia universal de Dios y un sincero deseo de Dios de que todos los humanos se salven, es decir, una oferta bien intencionada de salvación.

David J. Engelsma Seguir leyendo

Cita: Robert L. Reymond sobre la Libre Oferta del Evangelio

Dr. Robert L. Reymond

Dr. Robert L. Reymond

Algunos teólogos reformados enseñan que Dios puede y desea honestamente, espera ardientemente que suceda, y de hecho trabaja para efectuar cosas que el decretó que nunca sucedieran. Basando sus conclusiones en Deuteronomio 5:29, Ezequiel 18:23, 32; 33:11, Mateo 23:37 y 2 Pedro 3:9, John Murray afirma en “The Free Offer of the Gospel” [La Libre Oferta del Evangelio], Collected Writings of John Murray (Edinburgh: Banner of Truth, 1982), que Dios se representa como “deseando honestamente el cumplimiento de algo que en el ejercicio de su voluntad soberada de hecho no ha decretado que aconteciera”, que Él “expresa un ardiente deseo por el cumplimiento de ciertas cosas que en su inescrutable consejo no decretó que pasaran”, que Él “desea… el cumplimiento de lo que Él no deseó decretivamente”, que Cristo “deseaba el favor de su salvadora y protectora gracia sobre no el Padre ni Él decretaron salvar y proteger”, que “Dios no desea que ningún hombre peresca. Su deseo es todos entren a la vida eterna por medio del arrepentimiento” y finalmente, que “hay en Dios una benevolente bondad hacia el arrepentimiento y salvación incluso de aquellos que Él no decretó salvar” (4:119, 130, 131-132). Seguir leyendo