La Iglesia: Doctrinal, intolerante y ética.

John Gresham Machen

John Gresham Machen

Hoy estuve leyendo un extraordinario artículo escrito por J. Gresham Machen escrito en 1933 llamado La responsabilidad de la iglesia en nuestra nueva época. En este escrito Machen afirma que la iglesia de su tiempo debía ser (y, sin dudas, hoy también es así) lo mismo que ella siempre verdaderamente ha sido. Los problemas que la iglesia enfrenta en cada época pueden ser distintos, pero la raiz de ellos es siempre la misma: el pecado. La solución entonces es ser la iglesia que Dios ordenó como respuesta al pecado.

Machen muestra tres características de la iglesia. Él dice que la iglesia debe ser radicalmente doctrinal, radicalmente intolerante y radicalmente ética. La definición que él entrega para estas tres características son:

Primero, la Iglesia Cristiana al principio era radicalmente doctrinal. La doctrina no era una mera expresión de la vida Cristiana, como lo es en el escepticismo pragmatista del presente, sino que – al contrario – la doctrina, lógica aunque no temporalmente, viene primero y la vida después. La vida está fundada en el mensaje, pero no el mensaje en la vida.

Una verdadera iglesia cristiana será radicalmente intolerante. […] Pero cuando digo que una verdadera iglesia cristiana es radicalmente intolerante, quiero decir simplemente que la iglesia debe mantener la alta exclusividad y universalidad de su mensaje. Presentar el evangelio de Jesucristo, no solamente como una forma de salvación, sino como la única forma. No puede hacer causa común con otra fe. No puede estar de acuerdo con no buscar conversiones. Su apelo es universal y no admite excepciones. Todos están perdidos en el pecado; nadie puede ser salvo excepto por la forma enseñada en el evangelio. Ahí radica la ofensa de la religión cristiana, pero ahí también radica su gloria y poder. Un cristianismo tolerante de otras religiones no es cristianismo.

Una verdadera Iglesia Cristiana será radicalmente ética. No va a ser ética en el sentido de que aprecie alguna esperanza apelando a la voluntad humana; no va a ser ética en el sentido de que va a considerarse a sí misma como perfecto, incluso cuando sus miembros han sido redimidos por la gracia de Dios. Sino que será ética en el sentido de que buscará la esperanza de la verdadera bondad en el otro mundo, y que incluso aquí y ahora exhibirá el comienzo de una nueva vida, que es el don de Dios.
Esa nueva vida se expresará en el amor. El amor se desbordará, sin preguntas, sin cálculo, a todos los hombres, ya sean cristianos o no; pero será una pasión demasiado intensa como para estar satisfecha con una mera filantropía. Ofrecerá a los hombres beneficios simples; nunca va a pasar con frialdad por el otro lado cuando un hombre tenga necesidad física. Pero nunca se contentará con satisfacer las necesidades materiales de los hombres; nunca tratará de hacer que los hombres estén contentos con comodidades o con la frialdad de una religión natural, vaga. Más bien va a tratar de traer a todos los hombres, en todas partes, sin excepción, altos y bajos, ricos y pobres, cultos e ignorantes, compatriotas y extranjeros, al total cariño y alegría de la familia de la fe.

Dios nos ayude a ser radicalmente doctrinales, intolerantes y éticos.

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