La Espiritualidad de la Iglesia, por Darryl G. Hart y John R. Muether

Darryl G. Hart

Darryl G. Hart

¿Cuál es el deber del cristiano a la sociedad? Una pregunta tan amplia sugiere muchas respuestas diferentes y evoca imágenes tan diversas como el Buen Samaritano, que amaba a su prójimo a pesar de las diferencias étnicas y religiosas, y al Presbiteriano estadounidense John Witherspoon, quien fue el único ministro que firmó la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Por lo general, las respuestas reformadas a esta pregunta se distinguen fácilmente de las de otras tradiciones cristianas. Por ejemplo, Cornelius Plantinga, Jr., un teólogo en la Iglesia Cristiana Reformada, ha argumentado que la perspectiva calvinista sobre la sociedad ha sido considerada generalmente como “conversionista” o “transformacionalista” o “formativa del mundo”, en contraposición a las tradiciones luteranas o anabaptistas que han albergado impulsos aislacionistas. La evaluación de Plantinga reitera la declaración clásica de H. Richard Niebuhr sobre la relación de Cristo y la cultura. A diferencia de Lutero que hizo distinciones claras entre lo temporal y lo espiritual, el cuerpo y el alma, Calvino, según Niebuhr, tuvo una noción más “dinámica” de las responsabilidades del cristiano en el mundo. Niebuhr también detectó diferencias entre luteranos y calvinistas acerca del entendimiento del estado. Mientras Lutero distingue marcadamente el reino de la gracia del reino del mundo, Calvino sostuvo que el Estado no sólo restringe el mal sino que también promueve el bienestar humano hasta el punto de que los magistrados ayudan a establecer el reino de Dios. Tan popular y bien aceptada que esta interpretación de la tradición reformada es, que no logra hacer sentido a los presbiterianos que adoptaron una idea más comedida de la responsabilidad de los cristianos en los asuntos políticos y sociales. A diferencia de algunos teólogos reformados que han postuladas una armonía básica entre Iglesia y Estado en la ejecución de la soberanía de Dios, el presbiterianismo estadounidense también ha alimentado una comprensión de la sociedad que hace hincapié en las diferencias fundamentales entre los objetivos y la misión de la iglesia y el propósito del Estado. A veces llamado doctrina de la espiritualidad de la Iglesia y atribuida a la tradición presbiteriana del sur, esta convicción también formó la opinión de Charles Hodge que adhirió a esta doctrina en un punto crucial en la historia de los Estados Unidos.

John Muether

John Muether

A pesar de que rara vez se cita como un exponente de la enseñanza, en 1861 Hodge articuló una visión del propósito espiritual de la iglesia y dijo que, aunque más corta, no rivalizaba en nada con lo que James Henley Thornwell o Robert Lewis Dabney podrían haber escrito. Hodge estaba escribiendo en respuesta a las Resoluciones de Spring aprobadas por la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana Old School que no sólo dividió la denominación a lo largo de líneas regionales, sino que también declaró que la Iglesia Presbiteriana tenía la obligación de “promover y perpetuar” la integridad de los Estados Unidos y el gobierno federal. Hodge, sin embargo, negó que la iglesia tenía algún derecho a tomar partido en la lucha emergente entre el Norte y el Sur. Él escribió, “el Estado no tiene autoridad en asuntos puramente espirituales y la iglesia no tiene ninguna autoridad en asuntos puramente seculares o civiles.” Sin duda, en algunos casos, sus esferas de responsabilidad se superponen. Pero aun así, “las dos instituciones son distintas, y sus respectivas funciones son diferentes.” Para fundamentar este punto Hodge pasó a citar la Confesión de Fe [de Westminster], capítulo treinta y uno, que establece que los sínodos y concilios deben tratar solamente asuntos eclesiásticos, en oposición a asuntos civiles. Luego añadió una explicación que mostró su comprensión del punto afín a la doctrina de la Espiritualidad de la Iglesia, es decir, el alcance y la naturaleza del poder de la iglesia. “La Iglesia sólo puede ejercer su poder para hacer cumplir la palabra de Dios, en la aprobación de lo que ordena, y condenando lo prohíbe”, escribió Hodge. “Un hombre, en el ejercicio de su libertad en cuanto a las cosas indiferentes, puede ser justamente susceptibles a las leyes de la tierra, y puede incurrir en gran culpa ante los ojos de Dios, pero él no puede ser puesto bajo la censura de la iglesia. “

Las simpatías políticas de Hodge fueron claramente con la Unión. En 1865 lloró por la noticia del asesinato de Abraham Lincoln. Sin embargo, reconoció que en las cuestiones políticas que rodean la guerra entre el Norte y el Sur – es decir, si el gobierno federal o los estados eran en última instancia soberanos – la iglesia no tenía mandatos de la Escritura para tomar partido u obligar a sus miembros a hacerlo. Los cristianos deben ser obedientes al gobierno y la iglesia tenía el deber de enseñar y fomentar tal obediencia. Pero la Biblia no resuelve la cuestión de los estados frente al gobierno federal. “La pregunta es”, escribió Hodge, “¿la lealtad de nuestros ciudadanos es principalmente para el Estado o para la Unión? Aunque nuestras propias convicciones de la exactitud de esta decisión puedan ser tan claras, o cuan profundamente podamos estar impresionado con su importancia, sin embargo, no es una cuestión que esta Asamblea tenga derecho a decidir”. Tomar parte en este asunto, concluyó Hodge, equivalía a cantar el himno de Estados Unidos en la Cena del Señor.

Cuatro años más tarde Hodge continuaría afirmando la espiritualidad de la Iglesia, a pesar de que la cuestión política que había provocado la guerra entre el Norte y el Sur se había resuelto en Appomattox[1]. Afirmó que el poder de los tribunales de la iglesia está circunscrito precisamente por la Biblia. Ellos derivan “toda su autoridad” de la Escritura y no pueden ” reclamar con razón nada más que lo que se le concede en la misma.” Esto significa que como tribunales eclesiásticos no tenían “nada que ver con asuntos de comercio, la agricultura, o las bellas artes, ni con los asuntos del Estado.” Su propia esfera era la de “conducir la adoración pública” y la “administración de la casa de Dios.” Pero en los asuntos seculares no tenían “nada que ver”.

La distinción entre asuntos seculares y asuntos de la iglesia podría shockear a algunos presbiterianos como una desviación de la visión reformada de la vida y el mundo que se refiere a todos los aspectos de la vida como teniendo un significado religioso. Sin embargo, la doctrina de la espiritualidad de la Iglesia, tal como es entendida y articulada por Hodge no es más que una reafirmación de lo que los teólogos y eclesiásticos reformados han confesado acerca de la naturaleza y el ministerio de la iglesia visible. Aunque esta doctrina podría parecer un resumen Presbiteriano para la separación de iglesia y estado, también significa que la iglesia es una institución espiritual con una tarea espiritual y medios espirituales para la ejecución de esa tarea. Aquí es importante recordar lo que Juan Calvino escribió sobre el señorío y el reino de Cristo. El reformador de Ginebra no fue ajeno a la clase de dicotomía entre preocupaciones eclesiásticas y seculares que implica la espiritualidad de la Iglesia. Por ejemplo, en la Institución al comienzo de su discusión sobre el estado, Calvino distingue claramente entre las esferas civiles y eclesiásticas. El ámbito civil se refiere a “la justicia meramente civil o externa”, mientras que la iglesia “gobierna sobre el alma o el hombre interior, y se ocupa de la vida eterna.” Calvin va a decir que es una “locura judaica” no reconocer que “el reino espiritual de Cristo y el gobierno civil son cosas muy lejanas el uno del otro.” Una comprensión similar de la Espiritualidad de la Iglesia aparece en la descripción de Calvino del oficio de Cristo como rey, que, escribe él, es estrictamente “de naturaleza espiritual” (Institución, II.xv.3). Calvino añade que el reino de Cristo “no es terrenal o carnal y por lo tanto sujeto a la corrupción, sino que espiritual” y es por eso que “nos eleva hasta la vida eterna” (II.xv.4).

Los defensores de la visión reformada de la vida y el mundo pueden dudar de tales declaraciones en parte debido a la ampliamente aceptada noción, que va desde Max Weber a H. Richard Niebuhr, de esta espiritualidad mundana y visión transformacionista de la cultura es la tradición reformada. Pero una lectura más atenta de la piedad calvinista, como la que se encuentra en la parte de la Institución, republicada ​​como el Libro de Oro de la Vida Cristiana, sugiere que la espiritualidad reformada puede sonar tan de otro mundo como la de cualquier fundamentalista. En otras palabras, los presbiterianos que articularon la Espiritualidad de la Iglesia no pueden haber sido traidores de la tradición reformada si veían una brecha bastante grande entre las cosas civiles y eclesiásticas o entre los asuntos temporales y eternos. Sin embargo, muestrar algunos precedente para la doctrina de la espiritualidad de la Iglesia no hace automáticamente que la enseñanza sea atractiva. Por ejemplo, todavía se asocia con la defensa de la esclavitud de la Iglesia Presbiteriana del sur [de Estados Unidos] y de manera más general, con la abdicación de la responsabilidad social cristiana. Sin embargo, el otro lado del presbiterianismo del siglo diecinueve, los presbiterianos New School que se opusieron a la espiritualidad de la Iglesia a favor del activismo de la iglesia, no se verán mucho mejor en retrospectiva en su aplicación del cristianismo en la participación social. Su confianza en la enseñanza cristiana sobre el magistrado para apoyar la Unión y para bautizar la agenda del Partido Republicano sufrió tanto del interés propio y la política partidista como lo hizo la defensa Presbiteriana del sur de la esclavitud. Así que, aunque debemos conceder que la espiritualidad de la Iglesia ha sido una doctrina objeto de abusos, como también ha pasado con la noción de una visión reformada activista de la vida y el mundo. Podríamos incluso ir más lejos como argumentar que la reducción de la arena del reino de Cristo a la iglesia era mucho más saludable que usar el nombre de Cristo para aprobar medidas políticas específicas. En otras palabras, es mucho más apropiado (porque es bíblico) identificar la causa de Cristo con las llaves del reino (la predicación y la disciplina) que con la plataforma del Partido Republicano.

Por lo tanto, por la misma razón por la que algunos miran la noción luterana de dos reinos como una manera de escapar de la religión civil, así la doctrina Reformada de la Espiritualidad de la Iglesia proporciona un alivio para todos los esfuerzos de politizar la fe, de colocar banderas de país al frente de la iglesia, de cantar el “Himno Nacional” durante el servicio del domingo más cercano al día de la Independencia. Presbiterianos y Reformados no necesitan ir a las fuentes luteranas para justificar un entendimiento restringido y trascendente de la naturaleza y la obra de la iglesia visible. La espiritualidad de la Iglesia es la forma Reformada de mantener la religión y la política independiente y de dejar que la iglesia sea la iglesia. Como el sociólogo Luterano, Peter Berger, ha escrito, ni la agenda política de la derecha ni la de la izquierda “pertenecen al púlpito, a la liturgia, ni ninguna de las declaraciones que dicen tener la autoridad del Evangelio. Cualquier agenda cultural o política es un manifestación de ‘obras de justicia’ e ipso facto un acto de apostasía.” Los Presbiterianos no deberían necesitar que un luterano les dijera eso. Ya que sus antepasados ​​en la fe que enseñaron y expusieron la Espiritualidad de la Iglesia, ya lo sabían.

Extraído de Ordained Servant Vol. 7, no. 3 (Julio de 1998), pp 64-66.

DG Hart y John Muether son coautores de Fighting the Good Fight, A Brief History of the Orthodox Presbyterian Church [Peleando la buena batalla, Una breve historia de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa]. Ambos son presbíteros gobernantes de la OPC – El Sr. Hart en la OPC Calvario, en Glenside, PA y el Sr. Muether en la OPC Lake Sherwood en Orlando, FL.

[1] Appomattox es el lugar donde se llevó a cabo la última de las batallas de la Guerra Civil de Estados Unidos el 9 de abril de 1865.

[Nota del traductor: A pesar del claro trasfondo estadounidense del artículo y las ilustraciones que son propias de la historia de ese país expuestas en el artículo creo que es totalmente entendible el sentido de la doctrina aquí expuesta.]

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