Adoración: ¿Evangélica o reformada?

W. Robert Godfrey

W. Robert Godfrey

Uno de los retos de ser reformado en Estados Unidos es averiguar la relación entre lo que es evangélico y lo que es reformado. El protestantismo en América está dominado por los protestantes de la línea principal, los evangélicos y los carismáticos. Después de estos grupos dominantes, otros jugadores importantes incluirían a los luteranos confesionales. Pero ¿dónde encajan los reformados, particularmente en relación con los evangélicos, con los que históricamente hemos estado más estrechamente vinculados?

Algunos observadores sostienen que los Reformados Confesionales son un subgrupo en el movimiento evangélico más amplio. Ciertamente a lo largo de los siglos en América, los reformados han a menudo se han aliado con los evangélicos, han compartido mucho en común con los evangélicos, y muchas veces han tratado de abstenerse de criticar al movimiento evangélico. Pero, ¿los Reformados somos realmente evangélicos?

Una de las áreas en las que las diferencias entre evangélicos y reformados se pueden examinar es el asunto de la adoración. A primera vista, podemos ver más similitudes que diferencias. Los órdenes de culto en las iglesias reformadas y evangélicas pueden ser casi idénticos. Ciertamente, los dos tipos de iglesias cantan canciones, leen las Escrituras, oran, predican y administran el bautismo y la Cena del Señor. Pero, ¿estas similitudes reflejan sólo un acuerdo formal, o representan un entendimiento común del significado y la función de estos actos litúrgicos en la adoración?

Si nos fijamos bien, creo que vamos a ver las diferencias sustantivas entre los evangélicos y reformados en el culto. Esa diferencia es clara en dos asuntos centrales: primero, la comprensión de la presencia de Dios en el servicio; y segundo, la comprensión del oficio ministerial en la adoración.

La Presencia de Dios en adoración

La presencia de Dios en la adoración puede parecer un tema extraño para ser levantado. ¿Nosotros no creemos que Dios está presente con su pueblo en la adoración? ¡Lo creemos! Pero, ¿cómo está Dios presente, y cómo Él está activo en nuestra adoración?

Me parece que para el evangelicalismo, Dios está presente en el culto básicamente para escuchar. Él no está lejos; más bien, él está íntima y amorosamente presente para observar y escuchar la adoración de su pueblo. Él escucha su adoración y sus oraciones. Él ve su obediente observancia de los sacramentos. Él escucha sus testimonios. Él asiste a la enseñanza de su Palabra, escucha para asegurarse de que la enseñanza es fiel y exacta.

El efecto de este sentido de la adoración evangélica es que el énfasis está en la dimensión horizontal de la adoración. La sensación de calidez, comunión personal, y la participación entre los creyentes en el culto es crucial. Cualquier cosa que aumenta el sentido de la participación, sobre todo en el nivel de las emociones, es probable que se apruebe. El servicio debe ser inspirador y revigorizante, y entonces Dios observará y se complacerá.

La Fe Reformada tiene una comprensión fundamentalmente diferente de la presencia de Dios. Dios está en verdad presente para escuchar. Él escucha la adoración y las oraciones de su pueblo. Pero también está presente para hablar. Dios no sólo está presente en calidad de observador; Él es un participante activo. Él habla en la Palabra y en los sacramentos. Como Cristianos Reformados, no creemos que él nos hable directa e inmediatamente en la iglesia. Dios usa medios para hablar. Pero Él nos habla verdadera y realmente a través de los medios que él ha designado para su iglesia. En el ministerio de la Palabra – cuando ella es correctamente predicada y ministrada en el saludo y la bendición – es realmente Dios quien habla. Como la Segunda Confesión Helvética correctamente dice: “La predicación de la Palabra de Dios es la Palabra de Dios.”

Dios también está activamente presente y habla en los sacramentos, de acuerdo a la comprensión Reformada. Los sacramentos son mucho más acerca de Él que de nosotros. Él habla a través de ellos de la realidad de la presencia de Jesús para bendecir a su pueblo así como confirma la verdad de su Evangelio y sus promesas a través de ellos.

El efecto de esta comprensión del culto reformado es que el énfasis está en la dimensión vertical de la adoración. La dimensión horizontal no está ausente, pero la atención se centra no en los cálidos sentimientos y testimonios. Más bien, es en la comunidad como una unidad encontrándose con su Dios. Nuestra comunión primaria entre nosotros está en las actividades unificadas de hablar con Dios en el canto y la oración y de escuchar juntos como Dios nos habla. La orientación vertical de nuestro servicio de adoración asegura que Dios es el centro de nuestra adoración. La primera importancia de cualquier acto de adoración no está en su valor para inspirar a las personas, sino en su fidelidad a la revelación de la voluntad de Dios para la adoración. Debemos encontrarnos con Dios sólo en formas que le agradan. Nuestro asombro y alegría al entrar en la presencia del Dios vivo para escucharlo hablar es lo que da forma y da energía a nuestro servicio de adoración.

El Oficio Ministerial del Culto

La diferencia entre la Fe Reformada y el Evangelicalismo en la presencia de Dios en el culto está estrechamente ligada a sus diferencias sobre el oficio ministerial en la adoración. Para el Evangelicalismo, los ministros parecen ser vistos como miembros talentosos y educados de entre la congregación, llamado por Dios para el liderazgo en la planificación y la enseñanza. Los ministros usan sus talentos para facilitar la adoración de la congregación e instruir a la gente. Los ministros no son vistos como personas que hablan en nombre de Dios o que tienen una autoridad especial de Dios. Más bien, su autoridad reside solamente en la fiabilidad de su enseñanza, lo que sería válido para cualquier miembro de la congregación.

El efecto de esta visión evangélica del oficio es dar un carácter muy democrático a la adoración, en la que la participación de muchos miembros de la congregación en la conducción del servicio es una buena cosa. Mientras más se pueda compartir, mejor. Los muchos dones que Dios ha dado a los miembros de la congregación se deben utilizar para la edificación mutua. Una vez más, la dimensión horizontal de la adoración ha prevalecido.

La visión Reformada del oficio ministerial es muy diferente. El ministro es llamado por Dios a través de la congregación para dirigir la adoración por la autoridad de su cargo. Él es examinado y separado para representar a la congregación delante de Dios y de representar a Dios ante la congregación. En el gran diálogo de culto, habla la Palabra de Dios a la gente y habla las palabras del pueblo a Dios, excepto en aquellos casos en los que la congregación en su conjunto levanta su voz al unísono a Dios. Aquellos que somos reformados no abrazamos esta disposición porque seamos antidemocráticos o porque creamos que el ministro es el único miembro dotados de la congregación. Seguimos este patrón porque creemos que es bíblico y el patrón divinamente designado para el culto.

El resultado de esta visión del oficio es reforzar el sentido de encuentro con Dios de una manera reverente y oficial. También asegura que los que dirigen el culto público han sido llamados y autorizados para ese trabajo por Dios. El Reformado es correctamente sospechoso de los miembros no entrenados ni autorizados de la congregación que dan mensajes más largos o más cortos a la congregación. En la adoración nos reunimos para escuchar a Dios, no las opiniones de los miembros. La dimensión vertical del culto sigue siendo central.

Conclusión

El contraste que he dibujado entre la adoración Evangélica y Reformada, sin duda, debe ser matizado en muchos sentidos. Ciertamente, he tratado de hacer mis puntos pintando con un pincel muy amplio. Sin embargo, el análisis básico, creo yo, es lo correcto.

Una gran dificultad que nosotros, los Reformados, tenemos en el pensamiento acerca de la adoración es que nuestra adoración en muchos lugares, sin saberlo, se ha acomodado a formas evangélicas. Si vamos a apreciar nuestra herencia reformada en el culto y si, igualmente importante, debemos comunicar su importancia, carácter y poder a otros, debemos entender el carácter distintivo de nuestra adoración.

Nuestro propósito al hacer este contraste lo señaló no es menospreciar a los evangélicos. De hecho, son nuestros hermanos y nuestros amigos. Pero sí tenemos diferencias reales con ellos. Para que el culto reformado no se extinga como los dinosaurios, nosotros como personas reformadas debemos llegar a una comprensión clara del mismo y un profundo compromiso con él. Para hacer eso, tenemos que ver no sólo similitudes formales, sino que más importante, las profundas diferencias teológicas que distinguen a la adoración evangélica del culto reformado.

* El autor es presidente del Seminario Teológico Westminster en California y ministros de las Iglesias Reformadas Unidas. Este artículo, ligeramente editado, apareció por primera vez en The Outlook. Esta es una traducción del artículo aparecido en New Horizons, en abril de 2002.

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