Gordon H. Clark sobre el Conocimiento

Gordon H. Clark

Gordon H. Clark

Los problemas de conocimiento que levanta la revelación bíblica son principalmente dos: primero, cuál es la naturaleza del conocimiento de Dios; y, segundo, cuál es el conocimiento del hombre, en forma particular, el conocimiento que el hombre tiene acerca de Dios.

Quizá el resumen más completo del material bíblico sobre el conocimiento de Dios está en la obra de Stephen Charnock, Discourses upon the Existence and Attributes of God, Kregel, Grand Rapids, 1958, Capítulos VIII y IX, un estudio de más o menos 200 páginas.

El punto principal al considerar el conocimiento de Dios es su omnisciencia: «Y su entendimiento es infinito» (Sal. 147:5). La Escritura describe con abundancia los detalles del conocimiento de Dios: acontecimientos pasados, «Y se acordó Dios de Raquel» (Gn. 30:22), «Y fue escrito libro de memoria delante de él» (Mal. 3:16); acontecimientos presentes, «¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos? (Job. 30:4); acontecimientos futuros, «En aquel tiempo habrá un manantial abierto» (Zac. 13:1), y «y reinará sobre la casa de Jacob para siempre» (Lc. 1:33); y, asímismo, hechos hipotéticos contrarios a la realidad, «Y Jehová respondió: Os entregarán a Saul si te quedas en Keila» (1 S. 23:12).

No tan explícitamente, pero más importante aun, Dios se conoce a sí mismo. Cuando el apóstol dice, «el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios» (1 Co. 2:10), la palabra escudriñar (que también aparece en Ap. 2:23, «yo soy el que escudriña la mente y el corazón»; cf. 1 Cr. 28:9; Ro. 8:27), no quiere decir que Dios era ignorante antes de este escudriñamiento. En estos casos, escudriñar significa conocer exacta y completamente. Además, que Dios se conoce a sí mismo es algo deducible de su omnipotencia, gloria y perfección, cosas que se mencionan en diversos pasajes y en varias maneras.

La idea de omnipotencia, perfección y gloria requiere que Dios conozca todas las cosas siempre. Su conocimiento es eterno. Este conocimiento inmediato e ininterrumpido ha sido llamado con frecuencia, conocimiento intuitivo. Es como si Dios viese todas las cosas de una mirada. El no aprende. Jamás fue ignorante, y jamás llegará a saber más.

Este conocimiento intuitivo es distinto del conocimiento que el hombre tiene tanto por su razonamiento como por el aprendizaje empírico. Un joven de la escuela aprende los axiomas de la geometría y con dificultad deduce de allí teoremas desconocidos como que un triángulo contiene 180 grados. Dios no razona en esta forma. Esto no quiere decir que Dios no conoce la relación lógica que hay entre teoremas y axiomas. La mente de Dios, esto es, Dios mismo es perfectamente lógico. Pero no razona en el sentido de que toma tiempo para pasar de una idea a otra. Es decir, no hay sucesión de ideas en la mente de Dios. El no conoce un objeto para después conocer otro que antes no conocía. Todas las ideas están siempre en su mente.

Pero aun cuando no hay sucesión de ideas en la mente de Dios, esto no quiere decir que no haya idea de sucesión. La sucesión lógica de una conclusión en base a una premisa es parte de la omnisciencia. En forma similar, la idea de sucesión en el tiempo es algo conocido para Dios. Dios sabe que dentro del tiempo un acontecimiento sigue a otro. Cristo vino después de David, y David después de Moisés. Pero las ideas de Dios no siguen una tras otra en tiempo, ya que Cristo fue destinado antes de la fundación del mundo. De manera que, Dios no aprendió que Cristo fue crucificado o que David vino después de Moisés esperando que la historia se lo mostrase. Dios no depende de la experiencia. Su conocimiento es enteramente a priori. De otra forma la profecía sería imposible.

Charnock dice (Vol. I, pp. 456–457, ed. 1873) «Así como nada de lo que él determina es causa de su voluntad, de la misma forma nada de lo que conoce es causa de su conocimiento; él no creó las cosa para conocerlas, sino que las conoce para crearlas … Si su conocimiento hubiese dependido de las cosas, en ese caso la existencia de las cosas habría precedido el conocimiento que Dios tiene de ellas: decir que ellas son la causa del conocimiento de Dios es afirmar que Dios no es la causa de su existir».

A causa de la omnisciencia intuitiva de Dios, como también de su omnipotencia y omnipresencia, Dios es incomprensible. No obstante, esta idea hace que el tema se vuelva desde el conocimiento que Dios tiene de sí mismo al conocimiento que el hombre tiene de Dios. Por supuesto, Dios se comprende a sí mismo. En este respecto, Dios no solo es comprensible sino que de hecho es conocido, entendido y comprendido. Pero Dios es incomprensible para el hombre.

Desafortunadamente, el término incomprensible trae consigo connotaciones indeseables. La palabra a veces significa irracional, sin inteligencia, incognoscible. Ahora bien, obviamente, si el hombre no pudiera conocer o entender nada sobre Dios, el cristianismo sería imposible. Es absolutamente esencial que mantengamos que la mente humana es capaz de captar la verdad. La incomprensibilidad debe tomarse, por tanto, como queriendo decir que el hombre no puede conocer todo acerca de Dios. Es necesario afirmar que el hombre puede conocer a Dios sin conocer todo lo que Dios sabe. En reacción contra el optimismo del modernismo del siglo diecinueve, la neortodoxia contemporánea (véase) insiste en la transcendencia de Dios. Pero ha distorsionado el concepto bíblico de la transcendencia al grado de hacer a Dios completamente desconocido. Algo de su fraseología puede reproducirse aquí como ejemplos. Dios ha sido llamado el Completamente Otro. Brunner escribe, «Dios puede, cuando quiere, hablar su palabra aun por medio de falsa doctrina». Otro autor niega que una proposición pueda tener el mismo significado para el hombre como lo tiene para Dios. «No vacilamos en decir», dicen varios teólogos, «que su conocimiento (el de Dios) y el nuestro no coinciden ni en un solo punto».

Ahora bien, parece obvio que si un hombre conoce alguna verdad, deberá conocer una verdad que Dios conoce, ya que Dios conoce toda verdad. Una oración debe significar para el hombre precisamente lo que significa para Dios; porque si el hombre no conoce el significado que Dios conoce, entonces no puede conocer el significado de la oración. De manera que, si el hombre va a conocer alguna cosa, entonces no se puede negar que hay puntos de coincidencia entre el conocimiento humano y divino. Así también, Dios no puede ser el Completamente Otro, ya que esto negaría que el hombre fue hecho a su imagen.

La neortodoxia trata de poner un encuentro personal con Dios en el lugar de un conocimiento conceptual de él. Afirma que el pensamiento no puede captar a Dios, ni a nadie. Las personas son encontradas, pero no pensadas. Sin embargo, en las relaciones humanas el encuentro sin palabras no produce amistad. Debe haber un conocimiento del carácter, y esto viene principalmente mediante la conversación inteligible. En forma similar, si Dios no nos da información que sea racionalmente entendible, un encuentro personal dejaría nuestras mentes en un vacío religioso.

Los enredos de la teología y la filosofía son muy complicados. La Epistemología (véase) es terriblemente técnica. Sea que aprendamos sólo por la lógica como enseñaron Descartes y Spinoza; o sea que solo aprendamos por la experiencia tal como enseñaron Berkeley y Hume; o sea que necesitemos las categorías a priori de Kant; o sea que solo podamos recibir la verdad por revelación—estos son asuntos de interesante discusión académica. Pero sea como fuere, la Biblia no aprueba el escepticismo. No es antiintelectual; no trata la doctrina como algo sin importancia, falso o «incomprensible». Más bien hace mucho énfasis en la verdad y el entendimiento.

«La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo … y conoceréis la verdad … Pero yo os digo la verdad … Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad» (Jn. 1:17; 8:32; 16:7; 17:17; cf. Jn. 5:33; 8:45; 16:13). En vista de estas afirmaciones es difícil entender cómo alguien puede decir que podemos ser santificados por la falsa doctrina.

O, nuevamente, «Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero» (1 Jn. 5:20. Cf. también: 1 R. 17:24; Sal. 25:5; 43:3; 86:11; 119:43, 142, 147; Ro. 1:18; 3:7; 2 Co. 6:7; 7:14; 11:10; Gá. 2:5, 14; Ef. 1:13, etc.).

Estos versículos indican que podemos captar el significado de Dios, que la verdad puede ser conocida, y que Dios puede ser conocido. El cristianismo es la religión del Libro; es un mensaje de buenas nuevas; es una revelación o comunicación de la verdad que viene de Dios hacia el hombre. Sólo si las proposiciones de la Biblia se pueden entender racionalmente, sólo si el intelecto del hombre puede entender lo que Dios dice, sólo si la mente de Dios y la mente del hombre tienen algún contenido en común, sólo así el cristianismo puede ser verdad y sólo así Cristo puede tener algún significado para nosotros.

Fuente: Clark, Gordon H. Conocimiento. In: Everett F. Harrison, Geoffrey W. Bromiley and Carl F. H. Henry, Diccionario De Teología (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2006).

3 comentarios

  1. Parece que hay una tendencia en Clark y otra en Kant y otra en Hume de encerrarse en 1 modelo de conocimiento, pero el conocimiento de Dios no es solo intelectual o experimental o emocional, es espiritual y este conocimiento usa los poderes del alma es decir el intelecto,la emoción y la voluntad pero son para transferir sus datos al espíritu del hombre que se caracteriza por la consciencia, la intuición y disposición. Pero el espíritu también después capacita a la razón para entender la Escritura por medio de la intuición.Hay un comercio constante vital y eterno entre el alma y el espíritu. El pan de vida que es la Palabra de Dios se mastica con el intelecto para nutrir la conciencia de Dios en nosotros… El hecho es que todo empieza en el espíritu, en la conciencia, y después hay que alimentar esta conciencia con el intelecto que medita la Palabra de Dios de día y de noche. La revelación de Jesucristo en la conciencia sin crecimiento doctrinal no es suficiente, lo vuelve a uno pentecostal. El conocimiento doctrinal sin revelación en la conciencia es peor es letra muerta, letra que mata porque lo vuelve a uno como un doctor de la ley.
    Marcelo; ¿Conoces a Candllish? Excelente , lo aconsejaba su contemporáneo Spurgeon.(www.spurgeon.org)

    Me gusta

  2. Excelente artículo !!!
    Por eso, sigo afirmando que sin conocimiento no hay salvación; al menos en el grueso de los casos, ya que para Dios siempre hay excepciones. El ladrón que recibio la vida eterna (crucificado con Cristo), no tuvo tiempo para el conocimiento racional, pero si recibió el amor de la verdad en su espíritu para ser salvo. A través de la regeneración recibimos ese conocimiento en nuestro espíritu, luego se manifiesta en nuestro intelecto, y este último a través de nuestra boca. De esta manera se cumple el: “fruto de labios que confiesa su NOMBRE”, lo cual es testimonio de vida. La perseverancia de los santos, mas que mantener una vida de santidad, lo cual también es testimonio, se refiere a la defensa de esa verdad hasta el final.

    Le gusta a 1 persona


Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s