Sobre Charnock y el estudio de los atributos de Dios

Stephen Charnock fue un pastor puritano que vivió entre 1628 y 1680. Su libro “The Existence and Attributes of God” [La Existencia y Atributos de Dios] es uno de los clásicos sobre este asunto (para muchos es el mejor libro escrito acerca de este tema).

¿Por qué deberíamos leer un libro de un autor que murió hace más de 300 años y que tiene más 1000 páginas escritas con cansadores y largos párrafos? Gordon H. Clark respondió esa pregunta en el prefacio a la edición de este libro publicada en 1958. Después 50 años la respuesta de Clark continua siendo necesaria. No sólo para que nos animemos a leer este libro, sino que para todo el estudio de la teología.

Buena lectura.

La vida de Stephen Charnock (1628-1680), en contraste con la turbulencia de Inglaterra a mediados del siglo diecisiete, fue casi sin incidentes. La ocurrencia de un evento, sin embargo, aseguró su reputación como adherente a los principios del evangelio, porque, aunque no fue aprisionado como John Bunyan lo fue, él fue uno de los ministros expulsados bajo la Restauración inquisidora de Carlos II.

Él también tuvo un cargo tempranamente en Southwark; siendo un auxiliar y luego el procurador en Oxford (1649-1656); fue a Dublin como capellán del gobierno; y en 1675, cuando las restricciones a los ministros reformados se suavizó un poco, él aceptó un llamado a Crosby Square, donde permaneció hasta su muerte.

Como él usaba su tiempo, además de la predicación de sermones cuidadosamente preparados, se hizo evidente con la publicación póstuma de sus manuscritos, de los cuales Discourses upon the Existence and Attributes of God [Discursos acerca de la Existencia y los Atributos de Dios]es el más famoso. Esta edición incluye cada palabra de los comentarios de Charnock sobre los atributos de Dios, y la existencia de Dios. Sin embargo,  en la mayoría de las ediciones anteriores, sus discursos sobre Providencia, Ateísmo Práctico, y Dios como Espíritu han sido incluidos. Lamentablemente ellos son omitidos aquí. No obstante, 1100 páginas podrían ser mucho para un volumen.

Los puritanos son conocidos por escribir abundantemente. Algo, quizás mucha, de nuestra impaciencia con ellos, sin embargo, nos desacredita más a nosotros que a ellos. En nuestra era agitada la práctica de la meditación no es popular; y nuestros estándares educacionales han promovido el reemplazo de volúmenes sólidos por pequeños libros de comics. Incluso el Sr. Defensor de la Verdad, que en el siglo veinte está ocupado batallando por la Expiación y la Resurrección contra los modernistas y neo-ortodoxos en las iglesias (¿quién podría condenarlos por tan necesaria actividad?), con dificultad tiene tiempo para pensar en la gloria divina y reflexionar acerca de la naturaleza de Dios.

Pero cuando, inesperadamente, la esencia y los atributos de Dios son cuestionados, ¿a quién podemos acudir mejor que Stephen Charnock?

¿Nuestro conocimiento de Dios es principalmente negativo, o lo tenemos información positiva? ¿Existe un sentido positivo en las palabras eterno, inmutable y espíritu, o ellas son solamente negaciones de sus opuestos temporales y sensoriales?, ¿La imposibilidad de tener una imagen mental de Dios es equivalente a la imposibilidad de tener un concepto mental de Dios?, ¿y es verdad que todo conocimiento humanos se original en las sensaciones, como Charnock parece decir en un lugar; o, como él dice en todos los otros, Dios ha imprimido conocimiento innato en el corazón del hombre desde el nacimiento y por medio de la creación?

Algunos cristianos devotos y energéticos consideran esas preguntas sin importancia y una pérdida de tiempo. Campañas evangelísticas, trabajo personal, viajes misioneros, comunidades de jóvenes, y espectaculares servicios a la puesta del sol deberían, dicen ellos, ocupar toda nuestra energía. La teología es un valle de huesos secos en la cual el Espíritu nunca sopla: deja a la docena de cristianos muertos con sus libros muertos. Nosotros viviremos abundantemente.

Con relación a esa queja podemos decir que Stephen Charnock, aunque no fue un John Wesley ni un Billy Graham, cumplió fielmente aquellas responsabilidades pastorales que todos admitimos ser prácticas y necesarias. En verdad fue esta cuidado con las almas lo que motivó este estudio. Si un ministro del evangelio debe introducir a las personas su Señor, el Dios trino, él debe conocer al Señor. Mientras más profundo, rico y extensivo sea ese conocimiento, es mejor. Lo que impacienta a los cristianos que castiga a la teología llamándola de huesos secos es este conocimiento de Dios y de sus atributos. ¿Debemos trabajar para enfatizar la importancia obvia de conocer el tipo de Ser que es el Ser Divino? Él no es el Deus sive Natura de la filosofía de Espinoza; Él no es el Motor Inmóvil de Aristóteles; tampoco es el dios de la modernidad. ¿Entonces cuál es la naturaleza, la esencia, los atributos de Dios? Charnock quiere que sus lectores tengan familiaridad con Dios.

Existen otros creyentes sinceros, aunque equivocados, que consideran este estudio peor que inútil; ellos consideran que es una curiosidad impía de las cosas que están muy altas para nosotros. Aunque escritores protestantes algunas veces nos han alertado de tal peligro, es difícil estos días creer que ellos sea in pecado frecuente. La gran mayoría de las personas prefiere que el conocimiento falte antes que sobre. Sin dudas, “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios;” pero según esta razón tratar de conocer es más inútil que pecaminoso.

En cualquier caso, el presente tema no cae en esta categoría. Lo que sigue en el versículo dice, “mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre.” Ahora, el material que Charnock discute está firmemente fundamentado en la Palabra de Dios. Existe algo de Dios que conocemos a partir de la naturaleza; pero principalmente Él se ha revelado en la Escritura. Esta revelación es más extensiva de lo que cabe en los ojos; no es completa simplemente por hacer una lista de pasajes pertinentes. Cuando esos pasajes son comparados y usados como premisas de silogismos, conclusiones que no son percibidas aparecen. Y así como la gran Confesión de Westminster dice, “El consejo completo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación, fe y vida del hombre, está expresamente expuesto en las Escrituras, o se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia.” Hacer inferencias a partir de premisas de la Escritura no es una curiosidad impía, sino que una meditación divinamente ordenada.

El versículo aludido, después de decir que toda revelación nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, termina con las palabras “para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” Esos sentimientos son reforzados después por medio del conocido versículo “Toda Escritura es inspirada por Dios y [toda ella es] útil para enseñar, para reprender… para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra.”

Tanto el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, entonces, enfatizan esas dos cosa: debemos estudiar toda la revelación, no sólo los pasajes más fáciles o favoritos; y, este estudio no es árido como una teología seca, pero es ‘práctica’, ellas debe llevarnos a justicia.

4 comentarios

  1. Reblogged this on Gordon H. Clark en español.

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  2. he oido pero creo que nunca o poco he leido de él. Interesante tu articulo, sobre todo lo que dices al fin; porque nuestra doctrina es conforme a piedad, pues si es puro blabla que no nos diferencia del mundo, en nuestra forma de vivir , entonces mejor quedarse ignorantes.

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  3. La ética cristiana es tomada de la teología cristiana. ¿Cómo podremos ser cristianos prácticos sin saber porque hacemos lo que hacemos?

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