Armonía de las Confesiones Reformadas: La Divinidad del Hijo

Samuel Rutherford, delegado escocés en la Asamblea de Westminster

Samuel Rutherford, delegado escocés en la Asamblea de Westminster.

Para J. I. Packer la divinidad del Hijo es “la verdadera piedra de tropiezo del cristianismo. Es en ella que fracasan judíos, mahometanos, unitarios, testigos de Jehová y muchos otros… Es por causa de no creer, o de la errada creencia al respecto de la encarnación que generalmente surgen dificultades en otros puntos de la historia del evangelio”. Esas dificultades de las que habla Packer son el nacimiento virginal, los milagros, el sacrificio y la resurrección.

Como vemos la divinidad de Cristo tiene un papel fundamental y diferenciador para el Cristianismo, por ello es importante el estudio de esta importante doctrina a la luz de las Confesiones Reformadas.

Tengan buena lectura.

Confesión Belga

Artículo X
Creemos que Jesucristo, según la naturaleza Divina, es el unigénito Hijo de Dios(1), engendrado desde la eternidad; no hecho, ni creado (porque de esta manera sería una criatura); sino coesencial con el Padre, coeterno, la imagen expresa de la substancia del Padre y el resplandor de su gloria(2), siéndole en todo igual(3). El cual es Hijo de Dios(4), no sólo desde el momento que tomó nuestra naturaleza, sino desde toda la eternidad(5); según nos enseñan estos testimonios al ser comparados entre sí: Moisés dice(6), que Dios creó el mundo, y san Juan dice(7), que todas las cosas fueron creadas por el Verbo, al cual llama Dios; el apóstol dice(8), que Dios hizo el mundo por su Hijo; también(9), que Dios ha creado todas las cosas por Jesucristo, de manera que aquel que es llamado Dios, el Verbo, el Hijo y Jesucristo, ya era, cuando todas las cosas fueron creadas por El. Y por eso el profeta Miqueas, dice(10): “Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Y el apóstol: “Ni tiene principio de días, ni fin de vida”. Así pues, El es el Dios verdadero y eterno, aquél Todopoderoso, al que invocamos, adoramos y servimos.

1. Jn.1:18; 1:34; 1:14.
2. Col.1:15; Heb.1:3.
3. Jn.10:30; Is.7:14; Rom.9:5; II Cor.5:(19)-20; Hch.20:21; Rom.14:18; Jn.14:9; Tit.2:10; I Cor.10:9.
4. Mt.3:17; 17:5; Jn.8:(24),54; I Tes.3:11; Flp.2:11; Heb.1:1-2; 3:3-4; I Jn.5:5; Jn.20-31; 7:29; Ap.1:6; Gál.4:4; Sal.2:7-12.
5. Jn.8:58; 17:5; Heb.13:8.
6. Gn.1:1.
7. Jn.1:3; Heb.11:3.
8. Col.1:(15)-16.
9. Ef.3:(1-4); I Cor.8:6;
10. Miq.5:2.

Catecismo de Heidelberg

P. 17.- ¿Por qué debe ser también verdadero Dios?

Respuesta: Para que, por la potencia de su divinidad (1), pueda llevar en su humanidad (2) la carga de la ira de Dios (3), y reparar y restituir en nosotros la justicia y la vida (4).

1. Isaías 9:5; Isaías 63:3.
2. Isaías 53:4, 11.
3. Deut. 4:24; Nah. 1:6; Salmo 130:3.
4. Isaías 53:5, 11.

P. 18.- Mas ¿Quién es este mediador, que al mismo tiempo es verdadero Dios (1), y verdadero hombre perfectamente justo (2)?

Respuesta: Nuestro Señor Jesucristo (3), el cual nos ha sido hecho por Dios, sabiduría y justicia, satisfacción y perfecta redención (4),
1. 1 Juan 5:20, Rom. 9:5; Rom. 8:3; Gál. 4:4; Isaías 9:6, Jer. 23:6; Mal. 3:1.
2. Lucas 1:42; Lucas 2:6, 7; Rom. 1:3; Rom. 9:5; Filip. 2:7; Hebr.2:14, 16, 17; Hebr. 4:15.
3. Isaías 53:9, 11; Jer. 23:5; Luc. 1:35, Juan 8.46; Hebr. 4:15; Hebr.7:26; 1 Pedro, 1:19; 1 Pedro, 2:22; 3:18.
4. 1 Tim. 3:16; Lucas 2:11; Hebr.2:9.

P. 33.- ¿Por qué se llama a Cristo el unigénito hijo de Dios, si nosotros también somos hijos de Dios?

Respuesta: Porque Cristo es el hijo eterno y natural de Dios (a); pero nosotros hemos sido adoptados por gracia como hijos de Dios por amor de él (b).

a. Juan 1:14; Hebr. 1:1, 2; Juan 3:16; 1 Juan 4:9; Rom. 8:32.
b. Rom 8:16, Juan 1:12; Gál. 4:6; Efes. 1:5, 6.

Segunda Confesión Helvética

Artículo 11: Jesucristo, Dios Y Hombre Verdadero Y Único Salvador Del Mundo

Creemos y enseñamos, además, que el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo fue predestinado e impuesto como salvador del mundo desde la eternidad. Creemos que ha sido engendrado por el Padre, no sólo cuando aceptó de la Virgen María carne y sangre y no sólo antes de la creación del mundo, sino antes de toda eternidad, y esto de un modo indefinible. Pues dice Isaías: « ¿Quién quiere contar su nacimiento?» (Isaías 53:8), y dice Miqueas: «Su origen es desde el principio, desde los días del siglo» (Miqueas 5:2). Porque también Juan manifiesta en su Evangelio: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1). Por eso el Hijo igual al Padre en su divinidad e igual a Él en esencia, o sea, que es Dios verdadero (Filip. 2:11); y esto, por cierto, no puramente de nombre, ni por haber sido aceptado como Hijo, ni en virtud de alguna demostración especial de la gracia, sino por naturaleza y esencia, como el apóstol Juan también lo escribe: «Éste es el Dios verdadero y la vida eterna» (1.a Juan, 5:20).

Dice Pablo: A su hijo lo «constituyó heredero de todo, por el cual, asimismo, hizo el Universo: El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia…» (Hebr. 1:2 y 3). Porque también en el Evangelio ha dicho el Señor mismo: «Ahora pues. Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes de que el mundo fuese» (Juan 17:5). Y en otro lugar del Evangelio leemos que los judíos intentaban matar a Jesús, porque él «llamaba a su Padre Dios, haciéndose igual a Dios» (Juan 5:18).

De aquí que desechemos rotundamente la impía doctrina de Arrio y todos los arríanos, los cuales niegan la filialidad divina de Jesús. Y en especial desechamos radicalmente las blasfemias del español Miguel Servet y todos sus partidarios, blasfemias que Satanás, valiéndose de esos hombres, ha sacado del infierno contra el Hijo de Dios y anda esparciendo por todo el mundo de una manera insolentísima e impía.

Confesión de Fe de Westminster

Cap. VIII – De Cristo El Mediador
2. El Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, igual y de una sustancia con el Padre, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomo sobre si la naturaleza humana (1) con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes, mas sin pecado. (2) Fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella. (3) Así que, dos naturalezas completas, perfectas y distintas, la divina y humana, se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión composición o confusión alguna. (4) Esta persona es verdadero Dios y verdadero hombre, un solo Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre (5).

1. Juan 1:1,14; 1 Juan 5:20; Filipenses 2:6; Gálatas 4:4.
2. Hebreos 2:14,16,17 y 4:15.
3. Lucas 1:27,31,35; Gálatas 4:4.
4. Lucas 1:35; Colosenses 2:9; Romanos 9:5; 1 Timoteo 3:16; 1 Pedro 3:18.
5. Romanos 1:3,4; 1 Timoteo 2:5.

Catecismo Menor de Westminster

P. 21. ¿Quién es el Redentor de los elegidos de Dios?

R. El único Redentor de los elegidos de Dios es el Señor Jesucristo, quien siendo el Hijo eterno de Dios. se hizo hombre; y así era y permanece para siempre, Dios y hombre en dos naturalezas distintas y una sola persona.

1 Timoteo 2:5; Juan 1:14; Romanos 9:5; Colosenses 2:9; Hebreos 13:8.

Catecismo Mayor de Westminster

P. 11. ¿Cómo sabemos que el Hijo y el Espíritu Santo son Dios, iguales con el Padre?
R. Las Escrituras manifiestan que el Hijo y el Espíritu Santo son Dios, iguales con el Padre, atribuyéndoles nombres, (1) atributos, (2) obras, (3) y culto (4) que solo son propios en Dios.

1.- Jer. 23:6; I Juan 5:20; Sal. 45:6.
2.- Juan 1:1; Is. 9:6; Juan 2:24, 25; I Cor. 2:10, 11; Heb 9:14;
3.- Col. 1:16; Gen. 1:2; Job 26:13; Sal. 104:30; Juan 1:3,
4.- Mat. 18; 19; II Cor. 13:14.

P. 36. ¿Quién es el Mediador del pacto de gracia?
R. El único Mediador del pacto de gracia es el Señor Jesucristo, (1) quien siendo el Hijo eterno de Dios, de la misma sustancia que el Padre e igual a Él, (2) en la plenitud del tiempo se hizo hombre, (3) y así fue y continúa siendo, Dios y hombre en dos naturalezas completas y distintas en una sola persona para siempre(4).

1.- I Tim. 2:5.
2.- Juan 1:1; 10; 30; Fil. 2:6.
3.- Gal: 4:4.
4.- Luc. 1:35; Rom. 9:5; Col. 2:9.

P. 38. ¿Por qué el Mediador debía de ser Dios?
R: Hubo necesidad de que el Mediador fuese Dios para que pudiera sostener y guardar la naturaleza humana de sucumbir bajo la ira infinita de Dios y bajo el poder de la muerte (1) para darles dignidad y eficacia a sus sufrimientos, obediencia e intercesión, (2) y satisfacer así la justicia de Dios, (3) alcanzar su favor, (4) comprar un pueblo especial, (5) darles su Espíritu a sus elegidos, (6) vencer a todos los enemigos de éstos y traer a su pueblo a la salvación eterna. (7)

1.- Hch. 2:24; Rom. 1:4.
2.- Hch. 20:28; Heb. 7:25‐8; 9:14.
3.- Rom. 3:24‐26.
4.- Efes. 1:6.
5.- Tit. 2:14.
6.- Juan 15:26; 16:7; 14; 26.
7.- Heb. 5:9; 9:11‐15.

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