La Unidad de la Escritura

No recuerdo por qué cuando traduje la serie “La Escritura” de la Teología Sistemática de Vincent Cheung dejé afuera esta sección.

Aquí el pastor Cheung nos habla de la unidad que hay entre los 66 libros de la Escritura, como Jesús reconocía esta unidad y de lo importante que es para los cristianos el uso de la lógica cuando queremos acercarnos y conocer la verdad. La Biblia es la única fuente de verdad y de su correcta interpretación depende toda nuestra vida.

LA UNIDAD DE LA ESCRITURA

La inspiración de la Escritura implica la unidad de la Escritura. Debido a que las palabras de la Escritura procedan de una única mente divina implica que la Biblia debe exhibir una coherencia perfecta. Es esto lo que encontramos en la Biblia. Aunque las distintas personalidades de los escritores bíblicos es evidente, el contenido de toda la Biblia exhibe una unidad y diseño que muestra a un único autor divino. La consistencia interna caracteriza a los documentos escriturales, de tal forma que una parte no contradice a alguna otra.

Jesús asume la coherencia de la Escritura cuando Él responde a la tentación de Satanás de esta forma:

Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. (Mateo 4:5-7)

Satanás desafía a Jesús para que salte del templo citando Salmos 91:11-12. Jesús contesta con Deuteronomio 6:16, implicando que el uso que Satanás hace del pasaje contradice la instrucción de Deuteronomio, y por lo tanto es una mala aplicación. Cuando uno entiende o aplica un pasaje de la Escritura de manera que contradice a otro pasaje, uno está usando mal el texto. El argumento de Cristo asume la unidad de la Escritura, ni el maligno puede contestar a ello.

En otra ocasión, cuando Jesús trataba con los Fariseos, su desafío a ellos asume la unidad de la Escritura y la ley de no contradicción:

On another occasion, as Jesus deals with the Pharisees, his challenge to them assumes the unity of Scripture and the law of noncontradiction:

Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más. (Mateo 22:41-46)

Ya que David estaba “hablando en el Espíritu”, él no podía haber errado. ¿Pero si Cristo debía ser un descendiente de David, cómo podía ser su Señor al mismo tiempo? Que eso haya sido un problema significa, en primer lugar, que tanto Jesús como su audiencia asumían la unidad de la Escritura y la ley de no contradicción. Si ellos creyeran que la Escritura se contradice a sí misma, o que uno puede afirmar dos proposiciones contradictorias, entonces Jesús no podría diciendo nada importante. La respuesta aquí es que el Mesías debe ser tanto divino como humano, y por lo tanto “Señor” como “hijo” de David.

Pero es popular instar a la tolerancia hacia las contradicciones en teología. Alister McGrath escribe en su Understanding Doctrine:

El hecho que algo es paradójico e incluso auto contradictorio no lo invalida… Aquellos de nosotros que hemos trabajado en el campo científico estamos muy conscientes de la completa complejidad y del carácter misterioso de la realidad. Los objetos que subyacen a la teoría cuántica, las dificultades para usar modelos en la explicación científica – por nombrar dos factores que puedo recordar particularmente claro de mi periodo de mi periodo como científico natural – nos muestran la inevitabilidad de las paradojas y contradicciones en todo, excepto cuando el compromiso con la realidad es más superficial…

Eso es un sin sentido. Admitiendo que McGrath conoce la suficientemente bien la ciencia como para hablar del asunto , este es un testimonio contra la ciencia, y no un argumento para tolerar contradicciones en teología. Él asume la confiabilidad de la ciencia y juzga las demás disciplinas de acuerdo a ella. Parafraseándolo, si hay contradicciones en la ciencia, entonces las contradicciones deben ser aceptadas, y uno debe tolerarlas incluso cuando estas vienen de la reflexión teológica.

Sin embargo, una razón para rechazar la confiabilidad de la ciencia es precisamente que a menudo ella se contradice a sí misma. La ciencia es una disciplina pragmática, útil para manipular lo natural y hacer avances tecnológicos, pero ella no puede descubrir nada acerca de la realidad. El conocimiento de la realidad sólo viene desde una deducción válida de la revelación bíblica y nunca de métodos científicos o empíricos . McGrath no nos da argumentos para ignorar o tolerar las contradicciones en la ciencia, él sólo asume la confiabilidad de la ciencia a pesar de las contradicciones. Pero no da justificación para hacer esto.

¿Qué hace que la ciencia sea el estándar último por el cual debemos juzgar cualquier otra disciplina? ¿Qué le da a la ciencia el derecho de hacer las reglas para cualquier otro campo de estudio? McGrath dice que la ciencia “muestra la inevitabilidad de las paradojas y contradicciones en todo, excepto cuando el compromiso con la realidad es más superficial.” Pero la ciencia no es teología. Más allá de “el compromiso más superficial con la realidad” – aunque yo niego la confiabilidad de la ciencia incluso en ese nivel – la ciencia genera contradicciones y se desmorona, pero esto no significa que la teología sufra del mismo destino.

La teología trata con Dios, quien tiene el derecho y el poder de gobernar todas las vidas y pensamientos. Dios conocer la naturaleza de la realidad y nos comunica esto a través de la Biblia. Entonces, es la teología quien hace las reglas para la ciencia, y un sistema bíblico de teología no contiene paradojas ni contradicciones.

Cualquier proposición que afirme una cosa necesariamente también niega su apuesto. Afirmar X es negar no-X, afirmar no-X es negar X. Para hacerlo simple, asumamos que el apuesto de X es Y, entonces Y = no-X. Entonces afirmar X es negar Y, y afirmar Y es negar X. O, X = no-Y, e Y = no-X. Ya que afirmar una proposición es, al mismo tiempo, negar su opuesto, afirmar X e Y al mismo tiempo es equivalente a afirmar no-Y y no-X. Afirmar dos proposiciones contradictorias es en realidad negar ambas. Pero afirmar tanto no-Y como no-X es también afirmar X e Y, lo que nuevamente significa negar Y y X. A así todas las operaciones se transforman en sin sentido. Es imposible afirmar dos proposiciones contradictorias al mismo tiempo.

Afirmar la proposición “Adán es un hombre” (X), es al mismo tiempo negar la proposición contradictoria “Adán no es un hombre” (Y, o no-X). De igual manera, afirmar la proposición “Adán no es un hombre” (Y), es negar la proposición contradictoria “Adán es un hombre” (X). Ahora, afirmar “Adán es un hombre” (X) y “Adán no es un hombre” (Y) no hace más que negar ambas proposiciones en orden inversa. Es decir, es equivalente a negar “Adán no es un hombre” (Y) y “Adán es un hombre” (X). Pero esto vuelve a afirmar las dos proposiciones en orden inverso nuevamente. Cuando afirmamos ambas, negamos ambas; cuando negamos ambas, afirmamos ambas. Afirmar dos proposiciones contradictorias genera un significado no inteligible. Es decir nada.

Asumir que la soberanía divina y la libertad humana son contradictorias. Algunos teólogos, afirmando que la Biblia enseña ambas, instan a sus lectores a afirmarlas. Sin embargo, afirmar la soberanía divina es negar la libertad humana, y afirmar la libertad humana es negar la soberanía divina, afirmar ambas sólo es rechazar tanto la soberanía divina (al afirmar de la libertad humana) como la libertad humana (al afirmar la soberanía divina). En este ejemplo, ya que la Biblia afirma la soberanía divina y niega la libertad humana, no hay contradicción – ni siquiera una aparente.

Por otra parte, cuando lo incrédulos alegan que la encarnación de Cristo carga una contradicción, lo que es el contexto del anterior pasaje de McGrath, los cristianos no tienen la opción de negar la deidad ni la humanidad de Cristo. Sino que él debe articular y clarificar la doctrina como la Biblia la enseña y mostrar que no hay contradicción. Lo mismo se aplica para la doctrina de la Trinidad.

Es inútil decir que esas doctrinas están en perfecta armonía en la mente de Dios, y que sólo son contradicciones en la mente humana. Mientras ellas sean contradicciones, sea sólo en apariencia o no, no podemos afirmar ambas. ¿Cómo podemos distinguir entre una contradicción real y una aparente? Si debemos tolerar contradicciones aparentes entonces debemos tolerar toda contradicción. Ya que sin saber la resolución, una contradicción aparente parece ser lo mismo que una real, saber que una “contradicción” sólo lo es en apariencia significa que aún nadie la resuelve, y ahí el término ya no se aplica.

Los científicos y los incrédulos pueden revolcarse en sus contradicciones, pero los cristianos no deben tolerarlas. Lejos de abandonar la unidad de la Escritura o la ley de no contradicción como “defensa” contra aquellos que acusan a las doctrinas bíblicas de ser contradictorias, debemos afirmar y demostrar la coherencia de esas doctrinas. Por otro lado, los cristianos deben exponer las incoherencias de las creencias no cristianas y desafiar a sus adherentes para que las abandonen.

1 comentario

  1. Efectivamente si hay soberania de Dios no hay libertad humana, no hay libre albedrio. Es cierto que no hay contradicciones en Dios ni en su Palabra. las contradicciones estan en nosotros. “Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo”, y a menudo no la entiende a no ser que el Espiritu lo ilumine…

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