La Trinidad en la Biblia

Hace unos días una comentarista del blog escribió en el artículo “La Santa Trinidad” de la serie de “Doctrinas Reformadas” que nuestra enseñanza de la Trinidad no podía basarse en el texto de 1 Juan 5:7 por que éste está siendo retirado de las nuevas versiones de la Biblia por no encontrarse en los manuscritos antiguos. Me parece que “Mija” tiene razón, leyendo las obras de Warfield y Bavink encontré que ellos también perciben que aquel texto no puede ser la base para el argumento de la Trinidad.

Gracias a Dios ese no es el único texto que apoya la enseñanza de la Trinidad sino que ella puede ser vista en toda la Biblia. Escribí el siguiente artículo para hablar de la Trinidad y de su base bíblica.

Si alguien quiere conocer cuál debe ser el conocimiento de los cristianos acerca de la trinidad debe remitírsele al credo de San Atanasio. Aunque difícilmente este documento haya sido escrito por San Atanasio, obispo de Alejandría y gran defensor de la divinidad de Cristo y la doctrina ortodoxa de la trinidad, este documento, dice Philip Schaff en su libro Credos del Cristianismo, es un “claro y preciso resumen de las decisiones doctrinales de los cuatro primeros concilios ecuménicos.” Concilios y documentos que son propiedad de todas las iglesias cristianas.

Para quien elaboró el Credo de San Atanasio la doctrina de la trinidad es tan importante que llega a decir que “El que no guardare ésta Fe íntegra y pura, sin duda perecerá eternamente.” Si nuestra salvación se ve demostrada por nuestra fe, es decir, por lo que creemos de Dios, entonces este conocimiento del ser de Dios es básico para nuestra salvación.

Este credo habla de la trinidad en los siguientes términos:

“adoramos a un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Sustancia. Porque es una la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; mas la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu es toda una, igual la Gloria, coeterna la Majestad. Así como es el Padre, así el Hijo, así el Espíritu Santo. Increado es el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. Incomprensible es el Padre, incomprensible el Hijo, incomprensible el Espíritu Santo. Eterno es el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno; como también no son tres incomprensibles, ni tres increados, sino un solo increado y un solo incomprensible. Asimismo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Y sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios. Así también, Señor es el Padre, Señor es el Hijo, Señor es el Espíritu Santo. Y sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas de por sí es Dios y Señor, así la religión Cristiana nos prohibe decir que hay tres Dioses o tres Señores. El Padre por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado. El Hijo es sólo del Padre, no hecho, ni creado, ni engendrado. El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente. Hay, pues, un Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. Y en ésta Trinidad nadie es primero ni postrero, ni nadie mayor ni menor; sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente y coiguales. De manera que en todo, como queda dicho, se ha de adorar la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad. Por tanto, el que quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad.”

Usando un mismo lenguaje, los “teólogos sabios y eruditos” que se juntaron en Westminster, Inglaterra para establecer la doctrina de la iglesia y crear la “Confesión de Fe de Westminster” (a la cual adherimos los autores del blog) afirma en el capítulo dos, acerca de Dios y la Santa Trinidad, que “No hay sino un solo Dios… En la unidad de la Divinidad hay tres personas, de una misma sustancia, poder y eternidad; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.”

En ambos documentos se comienza hablando de la unidad de Dios, ambos hablan de “un solo Dios” por lo que la unidad de Dios será nuestro punto de partida.

En Marcos 12:29-30 Jesús dice a uno de los escribas que el primer mandamiento es “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas,” citando las palabras de Moisés en Deuteronomio 6:4-5. “Jehová uno es” es una maravillosa confesión de fe, la confesión de que Jehová, el Señor, es uno y el único Dios verdadero y por eso se merece que lo amemos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas.

Deuteronomio 32:39 también nos habla de esta unicidad de Dios: “Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; Y no hay quien pueda librar de mi mano.” Dios habla de su unicidad tanto numéricamente (No hay dioses conmigo) como con relación a lo que puede hacer (Dios es único en sus hechos).

Pero el pueblo de Dios no sólo fue monoteísta en el tiempo del Antiguo Testamento sino que también lo es después de la venida de Cristo. Un texto clave que habla del monoteísmo en el Nuevo Testamento es 1 Corintios 8:4 doce Pablo escribe: “Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.” El mismo apóstol escribe en 1 Timoteo 2:5 “Porque hay un solo Dios.”

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hemos encontrado pruebas que nos hablan de un Dios en una sustancia, usando la palabra del Credo de San Atanasio. Según el Dr. Heber de Campos en su libro “El Ser de Dios y sus Atributos” el término griego que se utilizó en el credo es “ousia,” mismo término que fue usado en los credos primitivos de la Iglesia para designar al Ser Divino, se entendió, en la historia de la teología, como sinónimo de physis (naturaleza). La palabra “naturaleza”, por lo tanto, ha sido la más común y constante para indicar la esencia divina. Ella habla de lo que Dios es, pero nada dice de su carácter tripersonal. La palabra “naturaleza” se relaciona a lo que es común en las tres personas de la Trinidad, y no a la particularidad de cada una de ellas. Hay una sola esencia (o naturaleza) de Dios, que es compartida por las tres personas.

Ya que comenzamos hablar de las distintas personas de la trinidad veamos los pasajes que nos hablan de ellas. Si bien la doctrina no es clara en el Antiguo Testamento si podemos encontrar ciertas claves que nos muestran que la multiplicidad de de personas en el Ser de Dios siempre existió. El gran teólogo reformado de Estados Unidos, Benjamin Breckinridge Warfield, nombra siete formas en que los escritores han visto la trinidad en el texto veterotestamentario, a saber: la forma plural del nombre divino Elohim, en el empleo ocasional de pronombres plurales en referencia a Dios (“Hagamos al hombre a nuestra imagen”, (Gén. 1:26; 3:22; 11:7; Is. 6:8), o de verbos plurales (Gén. 20:13; 35:7), en ciertas repeticiones del nombre de Dios que parecen distinguir entre Dios y Dios (Sal. 45:6-7; Os. 1:7), en las formas litúrgicas triples (núm. 6:24-26; Is. 6:2), en una cierta tendencia de hipostasiar el concepto de sabiduría (Prov. 8) y especialmente en el extraño fenómeno ligado con las apariciones del Ángel de Jehová (Gén. 16:2-13; 22:11,16; 31:11,13; 48:15,16; Éx. 3:2,4,6; Jue. 13:20-22).

Es un antiguo conocimiento que todo lo que es patente en el Nuevo Testamento estaba latente en el Antiguo, a eso llamamos revelación progresiva. Donald A. Carson dice en su libro “Teología Bíblica o Teología Sistemática” por revelación progresiva quiero dar a entender que “Dios se reveló progresivamente en acontecimientos y en la Escrituras, culminando tales eventos con la muerte – resurrección – exaltación de Jesucristo, y culminando las Escrituras con el cierre del canon. El resultado es que los caminos y propósitos de Dios fueron progresivamente cumplidos no sólo en los eventos redentivos sino también en la explicación registrada en las Escrituras.”

Es interesante notar que aunque la revelación aun no era tan clara como lo es hoy, en el tiempo de Jesús, antes que Él comenzara su ministerio, la gente ya sabía que había uno que debía de venir (Luc. 7:20). Esto es así porque todo el Antiguo Testamento hablaba de Él (Luc. 24:25-27).

El Antiguo Testamento, entonces, si hablaba de la trinidad, aunque no tan claramente como lo hace el Nuevo. Las tres personas de la trinidad se pueden ver en el bautismo de Cristo, del cual encontramos testimonio en todos los evangelios. Marcos lo relata de la siguiente manera “Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.”

También se puede encontrar textos con relación a la diversidad de personas en la fórmula de bautismo: “Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo,” debemos poner atención aquí en que Jesús está afirmando tanto la unidad de naturaleza como la diversidad de personas pues el nombre al cual se refiere está en singular pero las personas son claramente diferenciadas por el artículo definido que está entes de cada una, también podemos ver esta separación de personas claramente en la bendición apostólica: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén” (2 Cor. 13:14).

Podemos decir, entonces, con el Dr. De Campos, que “Dios tiene más que un modo triple de existencia. Son realmente tres personas distintas que coexisten o subsisten en el Ser que es numéricamente uno. No son tres individuos separados, sino un solo individuo subsistiendo en tres personalidades distintas, sin ser separadas. Las tres constituyen al Dios único, vivo y verdadero. El Ser Divino, por causa de su infinidad, eternidad, poder, etc., exige ser de la forma que es, tripersonal, sin que nos sea posible penetrar los misterios de la naturaleza interior de Dios.”

En próximos artículos vamos a hablar acerca de la divinidad de cada una de las personas de la Santa Trinidad y de algunas de las herejías que han surgido con relación a esta doctrina.

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