Contra la Libre Oferta del Evangelio: Libre Oferta y la Naturaleza de Dios

Seguimos con la serie “Contra la Libre Oferta del Evangelio.” En el post anterior introducíamos el análisis de la libre oferta a la luz de la teología reformada; el pastor Hanko decía que la teología puede ser comparada con un rompecabezas y la enseñanza de la libre oferta es una pieza que no encaja con las demás piezas.

En este post veremos como esta doctrina no encaja con las doctrinas bíblicas y reformadas que hablan de la naturaleza de Dios.

Libre Oferta y la Naturaleza de Dios

Un lugar donde la libre oferta es enseñada no encaja en la teología reformada es el área de la teontología, por ejemplo, la doctrina de Dios. Implícita o explícitamente esta niega algunas verdades fundamentales con relación a la naturaleza de Dios. Para ponerlo mas claro, la enseñanza de la libre oferta lleva a una concepción diferente de Dios de la que hacen los que rechazan la oferta. Solo esto, si es verdad, parece ser suficiente para condenar la enseñanza de la libre oferta en la mente y corazón de toda persona reformada.

La libre oferta niega, primero, una verdad básica acerca de la revelación – la verdad de que la revelación de Dios es una auto revelación, Dios mismo se hace conocido para nosotros. No importa el contenido de la revelación, no importa como fue dada, todo, al final, revela Quien y Que es Dios.

Todo lo que Dios dice y hace, por lo tanto, es una revelación de lo que Él es. Lo que significa que la revelación de Dios no puede contradecir lo que Él mismo es. Lo que Él dice no puede ser diferente de lo que Él es. Lo que Él hace no puede contradecir de lo que Él es. Por ejemplo, si Dios es un Dios justo entonces ninguna de sus obras ni las palabras con las que Él se revela puede ser injusta. No somos capaces de entender o demostrar por qué ellas son justas pero ya que ellas son parte de Su revelación ellas no pueden ser injustas.

La lógica de esto es que si cualquier obra de Dios es injusta Él también es injusto, un Dios injusto. Si Él es un Dios injusto, Él no es Dios. Así con todos Sus atributos.

Los defensores de la libre oferta niegan esto, a veces explícitamente. Ellos dicen en defensa de la libre oferta que a veces Dios puede ser diferente en sus relaciones con el hombre a lo que Él mismo es. La libre oferta enseña que Él puede desear su salvación, amarlos, ser graciosos con ellos en el evangelio y aún así en la eternidad tener otra mente y corazón con respecto a ellos. Su revelación de Él mismo en el evangelio puede y de hecho contradice lo que Él mismo es.

Si esto es verdad entonces la revelación no es verdadera revelación, develar y mostrar quién y qué es Dios. De hecho, la revelación podría decir lo opuesto a la verdad acerca de la naturaleza y voluntad de Dios – entonces sería falso. Diciéndolo un poco más amablemente, la libre oferta enseña que Dios no dice toda la verdad – especialmente no toda la verdad acerca de Él mismo. Él les habla de amor, gracia y misericordia. Él incluso les entrega cosas amorosas, graciosa y misericordiosamente, pero en Su corazón, mente y voluntad no hay gracia ni amor ni misericordia para ellos. Él no sólo no los elige, Él tampoco intentó que su Hijo muriera por ellos ni dar su Espíritu a ellos. Lo que Él dice y muestra en el evangelio no es la verdad acerca de quién y qué es Él desde la eternidad.

Aquellos que creen en la oferta no temen decir esto. Ellos hablan de las dos voluntades de Dios, una voluntad revelada para salvar a todos aquellos que escuchan el evangelio (expresado en la libre oferta del evangelio) y una voluntad secreta de no salvarlos (determinado en la elección eterna). Ellos están diciendo que Dios odia y ama a aquellos hombres. Aquello, sin embargo, sólo trae mayores problemas con los otros atributos de Dios.

Por un lado esto niega la unidad de Dios. Su unidad significa que Él es en si mismo y en su revelación, Uno e Indivisible. Esto es negado para aquellos que sostienen la libre oferta.

Ellos dicen sin vacilación que Dios tiene dos mentes, dos voluntades, dos corazones con respecto a los hombres. Él ama y no ama a los pecadores. Él desea la salvación (en el evangelio) y no lo hace (en la elección). Su revelación, su plan eterno y su voluntad no son una ni la misma. En su revelación Él es una cosa y en si mismo otra. Ningún defensor de la libre oferta a demostrado como aquella enseñanza puede ser conciliada con la enseñanza fundamental de la Escritura, el gran “Shema” de Deuteronomio 6:4, “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” Es mas, no puede ser reconciliado con la unidad de Dios. Es una pieza que no encaja con la teología reformada.

Otro aspecto de la unidad de Dios es su simplicidad o perfección. Esto significa que no hay desarmonía, contradicción ni imperfección en Dios. En ese sentido Él también es uno y no dividido en su naturaleza y relevación, sus palabras, obras y todos sus atributos. La “teología” de la libre oferta no puede ser conciliada con la simplicidad de Dios. De plano esto contradice este importante atributo al enseñar que hay contradicción e imperfección en Dios. Piense por ejemplo en la enseñanza de las dos voluntades, la que es el corazón de la teología de la libre oferta. La enseñanza de las dos voluntades no sólo se contradice a si misma sino que al menos una no se realizará en las personas.

Esos no son los únicos atributos de Dios que contradice la enseñanza de la libre oferta. Tal enseñanza también niega la inmutabilidad de Dios. Él cambia su parecer, su voluntad y su palabra hacia los hombres, mostrando un sincero deseo por salvarlos en el evangelio y al final los condena. Él les promete vida eterna en el evangelio y luego no se las da – como tampoco les da el medio necesario en la muerte de Cristo y la obra del Espíritu Santo.

La enseñanza de la libre oferta también niega Su eternidad. Esta enseña que hay un amor, una gracia y una voluntad de Dios que descansa en la predicación del evangelio. Su voluntad eterna, como ellos dicen, sólo es revelada en la predestinación.

La libre oferta también contradice Su soberanía ya que enseña que en el Evangelio hay una gracia resistible y un amor que no salva.

La verdad es que la libre oferta del Evangelio no encaja con ninguno de los atributos de Dios. ¿Es una gracia que ofrece salvación pero no da los medios de salvación una gracia infinita? ¿Es una verdad de Dios decir al hombre que Él los ama mientras Él no hace nada en la cruz o por el Espíritu para salvarlos? ¿Es sabio ofrecer salvación a aquellos que son excluidos de la elección? ¿Es realmente amor decirles que Él desea su salvación mientras Él secretamente planeó lo contrario?

¿Entonces qué? La libre oferta no encaja con la revelación. No encaja con los atributos de Dios. No encaja con la doctrina de Dios. No encaja en ninguna parte. Ningún defensor de la libre oferta puede encajarla sin doblar o romper las otras piezas del rompecabezas.

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