Las cosas terrenales son regalos de Dios

rosas.jpgEl Libro de Oro de la Vida Cristiana es un libro devocional del reformador Juan Calvino.

En este libro Calvino nos enseña a vivir en este mundo como Jesús lo dice en Juan 17.15 “No ruego que los quites del mundo sino que los guardes del mal”. El evangelicalismo de hoy se está alejando del mundo: de la tecnología, del arte, etc. Calvino reconoce que todas estas cosas son regaladas por Dios con el objetivo que por medio de ellas pueda ser glorificado.

Este post es una sección del capítulo llamado “El uso correcto de la vida presente”

Las cosas terrenales son regalos de Dios

Juan Calvino 

 

1. El primer principio a considerar es que si los dones de Dios son dirigidos al mismo propósito para el cual fueron creados y destinados, no pueden manejarse equivocadamente.

Él no ha hecho las bendiciones terrenales para nuestro perjuicio, sino para nuestro beneficio.

Nadie, por consiguiente, puede observar la regla más correcta e indicada que la fiel observancia de este propósito.

2. Si estudiamos, por ejemplo, el motivo por el cual Dios ha creado distintas clases de alimentos, encontraremos que Su intención era no sólo proveer para nuestras necesidades, sino igualmente para nuestro placer y deleite.

Al darnos los materiales necesarios para vestirnos, no sólo tuvo en mente nuestras necesidades, sino también el decoro y la decencia.

En las diversas hierbas, árboles y frutos, que son útiles de varias maneras, el Señor quiso agradarnos haciéndolos con líneas armoniosas y aromas agradables.

Si no fuera verdad, el salmista nos habría enumerado entre las bendiciones divinas “… el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre.”

Las Escrituras declaran que Él nos ha dado todas estas cosas con el propósito de que podamos alabar Su bondad para con nosotros.

3. Aun las propiedades naturales de todo lo creado señalan para qué propósito y hasta qué grado nos es lícito usarlo.

¿Habría creado el Señor algo tan atractivo a nuestros sentidos como la belleza de las flores, y puesto en nuestro ser el sentido del olfato, para que no pudiésemos disfrutarlas?

¿No ha hecho el Señor los colores de manera que uno es más maravilloso que el otro?

¿No le ha conferido al oro y la plata, al marfil y al mármol de una belleza que les hace más preciosos que los otros metales o piedras?

En una palabra, ¿No ha hecho Él los elementos de Su creación dignos de nuestra atención, para que tengamos aún mucho más que aquello que cubra nuestras necesidades?

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