La oración: Padre nuestro que estás en los cielos
La oración es uno de los elementos característicos del cristianismo, es una obligación de cada creyente orar al Padre, pero también es, a mi entender, uno de los aspectos menos estudiados por los creyentes de hoy.
Qué es la oración, cuál es su objetivo, son cosas que no son muy entendidas. Si lo hiciéramos nuestras oraciones cambiarían mucho y nuestra relación con Dios también.
Ante todo la oración es un medio de gracia, en un aspecto general todas las cosas son medios por los cuales Dios nos transmite su gracia, nos muestra su bendición. Pero en teología se usa el término “medio de gracia” en un sentido más restringido. El Catecismo Menor de Westminster nos dice que los medios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención son sus ordenanzas, y especialmente la Palabra, los sacramentos y la oración1. Entonces la oración es un medio por el cual podemos reconocer la gracia de Dios en nosotros.
Este estudio acerca de la oración se va a basar en el trabajo del sínodo de Westminster en su catecismo menor, específicamente en las preguntas 100 hasta la 107 que son la exposición del Padre Nuestro (Mateo 6.9-13) en cada una de sus premisas, además de aportes sacados de la lectura de otros libros de corte reformado.
I.- Padre nuestro que estás en los cielos
El catecismo califica esta frase como el prefacio de la oración modelo enseñada por Jesús a sus discípulos, para quienes trabajaron en Westminster esta frase nos enseña, principalmente, dos cosas: 1.- que debemos acercarnos a Dios con santa reverencia y toda confianza, como hijos a un padre que puede y que está dispuestos a ayudarnos y 2.- Que debemos orar unos por los otros.
Con la primera palabra de esta oración podemos darnos cuenta que la oración a Dios es propia de los cristianos, nadie puede llamar a Dios de Padre si antes no es su hijo. La Biblia nos enseña que quien no es un creyente es un hijo del diablo. Romanos 8:15 dice “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”. Sólo aquel que fue adoptado por Dios y que recibió Su Espíritu puede clamar ¡Abba, Padre!
El nombre Padre es característico del Nuevo Testamento. Aunque en el A.T. Dios se comporta como tal Él no se llama a sí mismo como Padre. El título de Padre se hace explícito con Jesús, el Hijo. En un aspecto, el intratrinitario, Dios es Padre sólo de Jesús. Esta relación de sujeción de Jesús al Padre, aunque ambos sean perfectamente Dios mismo, nos muestra la forma en la cual los padres y sus hijos deben relacionarse hoy. No es una relación de igualdad, de amistad, sino que la relación padre-hijo es una relación de autoridad-sujeción.
Aunque Jesús deja muy en claro a los judíos que sólo Él era hijo del Padre también nos enseñó a decirle “Padre nuestro”, no porque tengamos su misma esencia (como si la tenía Jesús) sino que porque fuimos adoptados por el Padre como sus hijos.
Pablo usa la exclamación “Abba, Pater”, padre en hebreo y griego respectivamente, siempre en relación con la adopción que Él hace de nosotros. Ambas palabras expresan una connotación de ternura, docilidad y proximidad de un padre con sus hijos, es por esto que podemos orar con toda confianza en que Él nos está escuchando. Ninguno de nosotros nació como un hijo de Dios sino que fuimos adoptados e incluidos en su familia sólo por su santa voluntad.
Mateo escribió “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mt 7.11). Nuestro Padre está escuchando en el cielo cuales son nuestras necesidades y nos las suple amorosamente.
Esto no significa que Él necesite de nuestra oración para informarse de nuestras necesidades. Calvino en su armonía de los evangelios dice:
“Los creyentes no oran con la intención de informar a Dios al respecto de las cosas que Él desconozca, o para incitarlo a cumplir su deber, o para apurarlo como si Él fuera lento. Por el contrario, ellos oran para que así puedan despertarse y buscarlo, y así ejercitar su fe en la meditación de sus promesas, y alivien su ansiedad, dejándola en las manos de Él; en una palabra, oran con el fin de declarar su esperanza y expectativa de las cosas buenas, para ellos mismos o para otros, está sólo en Él.”
Nuestra oración tiene el objetivo de producir un cambio en nosotros y no en la voluntad de Dios, de hecho eso es imposible hacerlo. C.S. Lewis, el autor de libros como las Crónicas de Narnia, dijo en una ocasión, cuando su mujer estaba enferma y sus colegas ateos lo interpelaban a que orara a su Dios por la cura de ella, “yo no oro para que Dios haga mi voluntad sino que para que Dios me permita comprender la suya.”
El prefacio también nos indica, al hablar en plural (Padre nuestro), que estamos dentro de un pueblo, de una familia, todos los elegidos son los hijos de Dios, somos hermanos y que nuestra oración también debe ser por nuestros hermanos.
La Confesión de Fe de Westminster nos enseña en el capítulo acerca “de la adoración religiosa y del día de reposo” que la oración debe hacerse “por toda clase de personas que están con vida y por quienes vivirán más adelante, pero no por los muertos, ni por aquellos de quienes se sepa que han cometido el pecado de muerte2”.
Esto también es enseñado por Pablo en su epístola a Timoteo. El apóstol dice: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:1-2) y también lo encontramos en las palabras de Jesús quien dijo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Juan 17.20).
1.- Catecismo Menor de Westminster, pregunta 88.
2.- Confesión de Fe de Westminster, Capítulo XXI, Párrafo IV.
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[...] sobre la oración basado en lo que dice el Catecismo Menor de Westminster sobre el Padre Nuestro (ver), en esta ocasión estudiaremos la frase “Santificado sea tu [...]
QUE BENDICION ES ESTE CORREO HERMANOS,LA VERDAD QUE NOS PROPORCIONA EL ALIMENTO ESPIRITUAL QUE TANTO NECESITAMOS, LOS FELICITO Y SOBRE TODO BENDIGO EN EL NOMBRE DE JESUS.
ESTA SI ES COMIDA SOLIDA,NO LECHE ESPIRITUAL, DE VERDAD QUE ESTAN TREMENDAMENTE IMPACTANTES LOS TEMAS, ME ENCANTARIA TEMAS SOBRE LA TAN IMPORTANTE,IMPRESCINDIBLE Y TAN OLVIDADA PERO TAN NECESARIA GUERRA ESPIRITUAL,POR FAVOR UNFORMENME SI PUEDO ACCESAR A LGUN LIBRO AQUI MISMO
BENDICIONES
HNA DELIA OLOARTE
Hna Delia.
Gracias por sus palabras. Esperamos que el Señor nos siga bendiciendo en este trabajo.
Envié un libro a su correo electrónico
Adios